jueves, 14 de marzo de 2019

La Higuera Estéril



Por el Rev. Diácono Teodoro L. González

"Les aseguro que no, y si ustedes no se convierten, todos acabarán de la misma manera." (San Lucas 13, 1-9) 

  1. El rechazo que le produce a Jesús
En este evangelio de Lucas, se cita dos casos:
  • Algunos hombres fueron a ver a Jesús, y le contaron que Pilato había mandado matar a unos galileos en el templo mientras estaban ofreciendo sus sacrificios.
Jesús le molesta, que pensemos que las desgracias que les llegan a las personas, son como castigo por sus pecados.

Por eso es que Jesús les responde:
  • “¿Piensan que, porque ellos sufrieron esa muerte, eran más pecadores que los demás galileos?
  • “Les aseguro que no. Y si ustedes no se arrepienten, todos por igual van a perecer"
  1. Dos casos conocidos
Este argumento de Jesús, lo podemos entender a través del Evangelio de San Juan 9, 1-3, que dice:
  • “Pasando, vio a un hombre ciego de nacimiento, y sus discípulos le preguntaron diciendo: Rabí, ¿quién pecó: éste o sus padres, ¿para que naciera ciego?
  • Contestó Jesús: Ni pecó éste ni sus padres, sino para que se manifiesten en él las obras de Dios”.”
En el segundo caso, Jesús dice de los dieciocho hombres que murieron aplastados por la torre de Siloé, y les hace la pregunta
  • ¿Piensan que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén?
  • "Les aseguro que no. Y si ustedes no se arrepienten, van a perecer todos por igual"
  1. En el Plan de Dios hay horas señaladas
Los mismos rabinos enseñaban, que todo padecimiento físico o moral era castigo al pecado.

Pero la respuesta de Cristo les dice que no, Sino que la muerte no significa culpa, sino que es parte del plan de Dios.

Jesús, les hace una advertencia: en el plan de Dios hay horas señaladas para el castigos o desgracias colectivas.

Por eso, si no se arrepienten y hacen penitencia, todos perecerán de la misma manera.
  1. Actitud de Conversión
Hoy día, esta palabra penitencia suena fuera del tiempo y de otra época, porque el mundo se para evitar el sufrimiento.

Por eso Jesús esta ofreciendo hasta su segunda venida de Cristo, la parusía, que es un tiempo de misericordia y de conversión por nuestras faltas, que nos regala Dios para que tengamos un cambio de actitud de nuestra vida de pecadores.

Es sumamente importante para nosotros, la penitencia y la conversión de los pecados, para así poder gozar de la vida eterna en el Cielo.
  1. La Higuera Estéril
En la segunda parte del evangelio, Jesús nos hace un anuncio a través de la parábola de la higuera estéril.

"Un hombre tenía plantada una higuera en su viña, y vino a buscar fruto en ella y no encontró. La higuera, año tras año, no daba higos".

La higuera simboliza a Israel, que no supo corresponder a los deseos de Yahvé, dueño de la viña, manifestó una y otra vez sobre él, y representa también a todo aquel que no da fruto para Dios.

En Jeremías 8, 13 dice: "Yo acabaré con ellos, dice Yahvé, porque la parra no tiene racimos, ni la higuera, higos, y aún las hojas están secas. Por eso los entregaré en manos del que pase"

De igual forma, Dios, trató al Pueblo de Israel,
  • cultivándolo con avisos y los profetas;
  • Luego vino Juan el Bautista
  • por último, envió a su Hijo Jesucristo, con su obra, enseñanzas y milagros.
Pero Israel, a través de los dirigentes, no le reconocieron como El Mesías, y lo mataron.

Como consecuencia de esto, los Israelitas perecieron en la destrucción de Jerusalén, en el año 70.

Dice la parábola: "Dijo entonces al viñador; Ya ves, desde hace tres años estoy viniendo a buscar higos en esta higuera y nunca encuentro nada. Lo mejor es que la cortes.
  • ¿Para qué dejar que ocupe terreno inútilmente?"
  • Son los tres años que Jesús estuvo predicando en su vida pública.
Dios en su Divina Misericordia nos concede un tiempo de conversión y de arrepentimiento, según lo vemos en la parábola.

Cuando el viñador le contestó: "Señor, déjala todavía otro año; mientras tanto yo remuevo la tierra y le echo abono. Tal vez entonces dé cosecha. Si no da, entonces si la cortas"
  1. Dios espera algo de nuestra parte
Si Dios nos da la gracia, él tiene su derecho a exigirnos que demos frutos de santidad y buenas obras.

Por eso, el Señor espera de nuestra parte que hagamos obras de santidad, y que siempre en cualquier tiempo y lugar, demos frutos en abundancia.

El Señor nos ha colocado, en la familia, en el trabajo, en la comunidad, en la Iglesia, donde podemos dar frutos según nuestras propias condiciones, habilidades y dones recibidos.
  1. La Santísima Trinidad
Dios Padre nos ha dado: 
                . un Ángel de la Guarda, para que nos cuide hasta el final de                         nuestra vida.

Jesús nos ha dado:
    • la gracia del Bautismo
    • Él mismo se dio como alimento en la Sagrada Comunión
El Espíritu Santo:
    • nos ha dado muchas gracias y dones que hemos recibido durante toda nuestra vida
  1. No damos fruto
Sin embargo, muchas veces no damos frutos en nuestra vida.

Este se compara con la parábola del Profeta Isaías: Voy a cantar a mi amado el canto de la viña de mis amores: Tenía mi amado una viña en un fértil recuesto. La cavó, la descantó y la plantó de vides selectas. Edificó en medio de ella una torre e hizo en ella un lagar, esperando que le daría uvas, pero le dio agrazones, frutos agrios.

¿Por qué no damos frutos?
    • Las causas, son la soberbia y la dureza de nuestro corazón.
En II Pedro 3, 9, nos dice: "El Señor no demora en cumplir lo que prometió, como algunos se imaginan, sino que tiene paciencia con ustedes porque no quiere que nadie perezca, sino que todos lleguen a la conversión".

Dios no se desanima como nosotros y espera, porque conoce nuestras capacidades y debilidades.

El Señor no da nunca a nadie por perdido, y deja las 99 para buscar a la oveja perdida.

Y todo el Evangelio es un testimonio de su voluntad, tales como:
    • las parábolas del hijo pródigo
    • de la oveja perdida
    • el encuentro con la samaritana
    • el encuentro con Zaqueo
    • entre otras
  1. Espera un año más
El viñador dijo: "Señor, déjala todavía otro año, mientras tanto yo remuevo la tierra y le echo abono"

También Moisés intercedió ante Dios por nosotros.

Es Jesús, quien intercede ante Dios Padre, por nosotros.

¡Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen!

¡Cuántas veces, Jesús habrá repetido esta misma frase de la higuera!
  • ¡Padre, déjalo todavía un año más!
Jesús es nuestro mediador ante el Padre.

Dios espera de nosotros que le correspondamos con amor, a tantas gracias que nos da diariamente en nuestra vida. Por eso, cada noche antes de acostarnos, tenemos que hacer nuestro examen de conciencia, para darnos cuenta y pedir perdón por tantas faltas que cometemos que le ofenden.

Tenemos que descubrir si de verdad estamos dando fruto. En nuestro examen de conciencia tenemos que preguntarnos, si hoy Dios nos llamara a su presencia,
  • ¿Tendremos, las manos llenas de frutos para presentarlas a nuestro Padre Dios?
Hemos llegado al año 2019, porque Dios Padre, por petición de su Hijo Jesús, nos a concedido un año más de vida para servirle.

Nadie conoce si la Paciencia del Padre, nos permitirá llegar al 2020 y tantos más; por eso tenemos que aprovechar esta oportunidad, y ponernos a dar fruto en abundancia, antes de que nos llame a su presencia y lleguemos con las manos vacías.

En el evangelio de: Juan 15, 8, Jesús nos dice; "Mi Padre encuentra su gloria en esto: que ustedes produzcan mucho fruto, llegando a ser con esto mis auténticos discípulos"

Tenemos que preguntarnos: ¿Son mis obras, el fruto de las gracias que recibo?
  1. La pregunta de los Galileos
Jesús les dijo: ¿Piensan que porque ellos sufrieron esa muerte eran más pecadores que los demás galileos?

Jesús contesta que no, y añade: "Les aseguro que no. Y si ustedes no se arrepienten, todos por igual van a perecer".

Jesús nos enseña, que nuestra actitud es la que determina la muerte de nuestro cuerpo, en el Juicio Final.

Por eso tenemos que aprovechar este Tiempo de Cuaresma, para reconciliarnos con Dios en esta oportunidad que nos ofrece el Padre.

No sabemos, si tendremos otra oportunidad.

Por eso esta parábola de la higuera, nos advierte que existe un límite a la paciencia de Dios Padre.

Si la paciencia de Dios, fuera como la nuestra, ¡Hace tiempo se hubiera acabado el mundo!


La Transfiguración



Por: Diácono Teodoro L. González Serrano

Mientras oraba, su rostro cambió de aspecto (Lc 9, 28-36)

  1. Los lleva aparte
El Evangelio nos cuenta lo que sucedió en el Monte Tabor.

Tabor significa altura o colina.
  • Está situada en la región de Galilea.
  • Tiene una altura de 553 metros sobre el nivel del mar.
  • Se considera desde la antigüedad como una montaña sagrada.
  • Está íntimamente relacionada con la historia del pueblo judío.
Poco antes Jesús había declarado a sus discípulos, en Cesarea de Filipo, que iba a sufrir y padecer en Jerusalén, a morir a manos de los príncipes de los sacerdotes, de los ancianos y de los escribas.

Los Apóstoles habían quedado sorprendidos y entristecidos por este anuncio.
  1. Subió a la montaña para orar
Jesús tomó a Pedro, Juan y Santiago, y subió a la montaña para orar.
    • En otras ocasiones, Él ha subido al monte a orar solo (Mt 14, 23)
    • En esta ocasión ha invitado a tres de sus apóstoles y, los ha escogido como testigos para un gran acontecimiento
Ellos son los mismos apóstoles que luego serán testigo de de su agonía en Getsemaní.

La primera enseñanza de este evangelio es, que Jesús había subido orar al Padre, y él siempre lo esta haciendo.

El invita a tres de sus amigos, porque cuando Jesús nos invita a seguirlo, es porque quiere que seamos sus testigos.
  1. La transfiguración, es una experiencia de fe
"Mientras Jesús oraba, su rostro cambió de aspecto y sus vestiduras se volvieron de una blancura deslumbrante".

La transfiguración, es una experiencia de fe de Pedro, Santiago y Juan, los amigos de Jesús.

Para nosotros llegar a conocer los momentos más importantes de Jesús, tenemos que ser sus amigos.

Tenemos que tener una comunicación profunda, llena de oración, como la que estos apóstoles tuvieron para conocer a Jesús transfigurado.

Fue un momento extraordinario que no entendieron, pero que pudieron entender solo a través de la vida, pasión, muerte y resurrección de Jesús.

También ellos tuvieron su propio martirio de sufrimiento y muerte.

Todos nosotros también, tenemos que pasar por nuestro propio martirio de sufrimiento y muerte.

Todos tenemos que pasar por la muerte, para llegar a la vida eterna.

Jesús siempre nos ayuda, a descubrir la presencia de Dios Padre en nosotros, para que así podamos transfigurar nuestra vida.
  1. Y dos hombres conversaban con Él: Moisés y Elías
Este resplandor de la gloria divina transportó a los Apóstoles a una inmensa felicidad, que hace exclamar a San Pedro: "Maestro, ¡qué bien estamos aquí! Hagamos tres carpas, una para Tí, otra para Moisés y otra para Elías".

Pedro quiere enseñar y disfrutar de aquella felicidad.

También a nosotros, lo que más deseamos es verle y vivir siempre con Él.

Es lo único verdaderamente importante en esta vida.

Aquel momento junto al Señor en el monte, fue de gran ayuda en todos los momentos difíciles de la vida de estos Apóstoles.

También a cada uno de nosotros, todos los momentos de encuentro con Jesús, a lo largo de nuestra vida, son los que nos dan esperanza cuando pasamos por momentos difíciles.

Nuestra existencia en este mundo, es un continuo caminar hacia el Cielo con Jesús.

En nuestras debilidades, Jesús siempre esta a nuestro lado para ayudarnos.

El cielo es un lugar de gozo eterno, porque estamos en la presencia de Jesús, y por lo tanto no hay muerte, ni miedo al pecado y al demonio.

No tendremos temor, porque ya no perderemos lo que Él nos ha dado.

Así, junto a San Pedro, los demás apóstoles, los santos y el pueblo santo de Dios, podremos decir: Señor, ¡Qué bien estamos aquí!

La misma gloria que vieron Pedro, Santiago y Juan en la transfiguración de Jesús, también todos nosotros la veremos eternamente en el cielo.

En 1 Corintios 2, 9 nos dice: "Ni ojo vio, ni oído oyó, ni nadie a pensado lo que Dios ha preparado para los que le aman".

¡No hay imaginación posible para lo que vamos a encontrar en el Cielo!
  1. Experiencia personal
Hace unos cuantos años, fuí a San Sebastián, PR, por la mañana a buscar unos documentos, y aproveché para hacerle una visita a Nuestro Señor Sacramentado en el Sagrario.

Pero al entrar por la puerta del lado izquierdo de la Iglesia, todo estaba en penumbra, y estaba un señor rezando de rodillas en uno de los bancos.
Desde los cristales del frente de la Iglesia, venía un rayo de luz, que iluminaba el lugar donde estaba ese señor.

Yo podía ver como el polvo que estaba en el aire brillaba, y reflejaba la luz.

Era tan hermoso ese momento y tal lleno de paz, en ese momento, dí la vuelta, y salí de la Iglesia, porque sentí que no podía interrumpir ese momento que tenía esa persona con Dios.

Esa experiencia nunca se ha borrado de mi mente, y la disfruté inmensamente.
  1. Grandes templos o Iglesias
¿Cómo te sientes cuando entras a tu Iglesia o Templo?
  • ¿Sientes la presencia de Dios?
  • ¿Es tu Iglesia, grande o pequeña?
Muchas veces hemos visto o visitado grandes templos, que son majestuosos e impresionantes.
  • Nos preocupamos por construir Iglesias o templos para Dios, pero el lugar favorito de Él es nuestro corazón
  • En todas las Iglesia Católicas del mundo entero, hay un lugar donde se guarda la Sagrada Comunión, y se le conoce como el Sagrario
  • Siempre al lado del Sagrario, hay una vela encendida 24/7 para indicar y anunciar la presencia de Jesús Sacramentado
  • Es el lugar donde cada uno de nosotros nos acercamos para estar con Jesús, y tener una conversación con Él
También, cuando vivimos y andamos en el camino de Jesús, Él esta presente en nuestra familia, en el trabajo, y la comunidad.
  1. "Este es mi Hijo, El Elegido, Escúchenlo"
Desde una nube se oyó entonces una voz que decía: "Éste es mi Hijo, el Elegido, escúchenlo".

Esta es la voluntad de Dios, que escuchemos a su Hijo.

Para ser un servidor de verdad, tenemos que oír siempre a Jesús.

Es una invitación a descubrir su obras y enseñanzas.

Para eso, tenemos que tener una actitud abierta para escuchar su Palabra.

Este llamado de parte de Dios, nos demuestra que Jesús es verdaderamente el Mesías, y también revela que la persona de Jesús, es el Hijo amado del Padre y que posee su misma gloria divina.

Cuando nosotros nos dejamos transfigurar por Jesús, nuestra familia, nuestra comunidad, nuestra sociedad, y el mundo cambia para bien.

Nosotros nos trasfiguramos cuando aceptamos la palabra de Jesús y la ponemos en práctica.
  1. Una nube los envolvió enseguida.
En el Antiguo Testamento, la nube siempre indicaba la presencia de Dios, y en Éxodo 40, 34-35 nos dice: "La nube envolvió el tabernáculo de la reunión y la gloria de Yahvé llenaba todo el lugar".

En Éxodo 19, 9 "Yahvé dijo a Moisés: Yo vendré a tí en una nube densa, para que vea el pueblo que Yo hablo contigo y tengan siempre fe en tí".

En la transfiguración, esa nube envuelve el Tabor a Cristo y de ella surge la voz de Dios Padre: "Éste es mi Hijo, el Amado, escuchadle a Él".

Con esta frase, Dios Padre nos habla a través de Jesucristo, a todos los hombres de todos los tiempos.

Su voz es un constante presente, por eso se oye en cada época, en cada cultura, en cada sociedad, en cada generación, en cada hombre, mujer y niño.
  1. Al alzar los ojos
Nos dice el evangelio, que "Al alzar sus ojos no vieron a nadie sino solo a Jesús", y no estaban Elías y Moisés. Solo ven al Señor.

Ellos ven al mismo Jesús, que ha han visto predicar, que ha pasado hambre y cansancio, que saca tiempo para estar a solas y orar al Padre.

Ven al mismo Jesús, que ha estado con ellos en diferentes situaciones, sin manifestar su poder y gloria.

Ahora ven al Jesús normal, a quien ellos están acostumbrados a ver.
Es ese mismo Jesús normal, que nosotros debemos buscar en nuestra vida diaria, en el trabajo, en la calle, en nuestros vecinos, en nuestra oración.

Es el Jesús que recibimos en la Misa, cuando recibimos la Sagrada Comunión.

Es el Jesús que nos perdona a través del Sacramento de la Reconciliación, por medio de la Confesión con el Sacerdote.

Jesús está en toda nuestra vida y después de ella.


sábado, 9 de marzo de 2019

Las tentaciones de Jesús en el Desierto



"El Espíritu llevó a Jesús al desierto, y allí lo tentó el diablo." (Lc 4, 1-13)

Por: Rev. Diácono Teodoro L. González Serrano
  1. La Cuaresma en el desierto

Jesús, se ha retirado al desierto para orar y prepararse antes de empezar su predicación.

La Cuaresma conmemora los cuarenta días que pasó Jesús en el desierto, en preparación de sus años de predicación, que terminaran en la Cruz y en la resurrección de la Pascua.

Son cuarenta días de oración y de penitencia.

También nosotros, siguiendo su ejemplo, nos tenemos que preparar con oración, para comenzar cualquier acción apostólica.

Al final, tuvo lugar las tentaciones de Cristo.

Jesús se somete a la tentación, y deja al Maligno que lo tiente.

Es la primera vez que interviene el diablo en la vida de Jesús.

Pone a prueba a Nuestro Señor.

  1. Las enseñanzas de las pruebas
Jesús se lo permitió para darnos ejemplo de humildad y para enseñarnos a vencer las tentaciones que vamos a sufrir a lo largo de nuestra vida.

Todo lo que hacía Jesús, era para nuestra enseñanza.

Jesús quiere enseñarnos con su ejemplo, que nadie esta exento de recibir cualquier tentación.

Todos nosotros también, tenemos las mismas tentaciones que Jesús, pero de un modo de diferente de acuerdo a nuestra fe y la posición que tengamos en nuestra sociedad.

El demonio no va a ofrecernos todos los reinos del mundo, sino que lo hará en una escala menor, en nuestro trabajo, en la comunidad o en la Iglesia.

El nos va a ofrecer, lo que nosotros podremos comprar.

Como dice el refrán: ¡Cada cual tiene su precio!

Sus ofertas vienen escondidas en toda clase de formas.

Por eso es que tantas personas en buenas posiciones sociales y económicas, se dejan llevar por el deseo de tener más y más y se pierden.

Jesús nos enseña con su tentación, cómo podemos vencerlas y además nos enseña que tenemos que sacar provecho de las pruebas, para purificar nuestra alma y hacernos santos.

Al vencer las tentaciones, nos ayuda a desprendernos de las cosas materiales, y buscar las cosas espirituales, y ser feliz en el Reino de los Cielos.

Jesús no nos promete una vida cómoda, sino que aprendamos de las pruebas a aumentar nuestra fe.
  1. Primera tentación
Jesús, todo aquel tiempo estuvo sin comer, y al final sintió hambre.

Es en ese momento en el cual el demonio le ofrece la primera tentación, el alimento.

Entonces el diablo le dijo: “Si eres Hijo de Dios, manda a esta piedra que se convierta en pan”. Jesús le contestó: “Está escrito: No sólo de pan vive el hombre”. (Hace referencia a Deuteronomio 8, 3)

Jesús, es perfecto Dios y perfecto hombre.

Por eso tiene hambre y sed, se cansa después de caminar, o llora cuando se muere un amigo, come con los amigos.

El nos entiende porque ha experimentado los mismos cansancios, alegrías, sufrimientos, dolores, sentimientos y afectos que nos encontramos a lo largo de nuestra vida.

Jesús, también experimenta las tentaciones del demonio.

Con esto nos enseña que las tentaciones son parte de nuestra vida diaria.

Jesús permite que las tentaciones sucedan, como una prueba a nuestra voluntad.

Las tentaciones pueden servirnos para nuestro crecimiento espiritual, por eso lo permite.

Cuando nos dejamos llevar por el Espíritu Santo, el nos da la capacidad de discernir entre una prueba de fe, y una tentación que nos lleva al pecado y a la muerte.

Por eso, también nosotros debemos distinguir entre "ser tentado" y "consentir" en la tentación.
    • Ser tentado es una prueba de fe
    • Consentir es aceptar la tentación y dejarse caer en ella
Lo importante para nosotros, es luchar constantemente contra la tentación.

Jesús, ¡no me dejes caer en la tentación!

También, Jesucristo fue tentado, pero no cayó.

  1. El Demonio aprovecha las oportunidades
El demonio nos tienta siempre aprovechando nuestras necesidades y debilidades.

Jesús, se encuentra débil, y siente hambre como cualquier hombre.

Es el momento que aprovecha y se acerca con la sugerencia de que convierta las piedras en el pan.

Y Jesús no solo rechaza el alimento, sino que aleja de sí una insinuación de usar su poder divino para su necesidad.

Jesús que se ha humillado, en su condición humana, no usa su poder de Dios para huir de las dificultades o del esfuerzo.

En todos los Evangelios: Jesús nunca hace milagros en su propio beneficio
  • Convierte el agua en vino, para los esposos de Caná
  • multiplica los panes y los peces, para dar de comer a una multitud hambrienta
Durante sus primeros 30 años, se gana el pan con su propio trabajo como carpintero.

Jesús nos quiere enseñar que nuestras necesidades las consigamos con nuestro propio trabajo, y que así, Dios bendecirá nuestro esfuerzo y dedicación.

Nos enseña a ser honrados, a ser sinceros, a ser humildes, y amar el trabajo.

Jesús dijo en una ocasión; "Mi Padre aun trabaja".

Nos enseña también a estar atentos, en nuestros momentos de debilidad, de cansancio, o cuando estamos pasando una dificultad, porque el demonio aprovecha ese momento para tentarnos.
  1. Segunda tentación
En la segunda tentación, el demonio ofrece a Jesús toda la gloria y el poder terreno que un hombre puede ambicionar.

Le mostró todos los reinos del mundo y su gloria, y le dijo:
  • "Te daré poder sobre estos países y te entregaré sus riquezas, porque me han sido entregadas y las doy a quien quiero. Todo será tuyo si te arrodillas delante de mí"
  • Pero Jesús le replicó; "Así dice la escritura, Adoraras al Señor tu Dios, y a Él solo servirás" (Hace referencia a Deuteronomio 6, 13)
El demonio siempre promete más de lo que puede dar, porque todos los reinos, gobiernos, países, tierras son propiedad de Dios y no de los hombres.

Por eso Jesús dice, "Se me ha dado todo poder en el cielo y la tierra".

Toda tentación es siempre un engaño, una mentira, porque el Demonio es el padre de la mentira.

Por eso, el demonio usa nuestras propias ambiciones.

Pensemos en cuántas cosas deseamos en este mundo; dinero, poder, reconocimiento, prestigio, posición social, o bienes materiales, entre otras.

Todas estas cosas materiales se convierten en falsos dioses y nos esclavizan.

Jesús no condena el que tengamos bienes, producto de nuestro trabajo, sino que no quiere que estos nos separen de Dios.

Cada uno tenemos una lucha constante, porque dentro de nosotros, esta la tendencia a buscar la gloria de este mundo.

Hoy también Jesús nos dice: "Adorarás al Señor Dios tuyo; y a Él solo servirás".
  1. Tercera tentación
En la tercera tentación, el diablo lo llevó a la Ciudad Santa y lo puso sobre el pináculo del Templo.

Y le dijo: Si eres Hijo de Dios, arrójate abajo. porque dice la escritura: Dios ordenara a sus ángeles de que te protejan. Ellos te llevaran es sus manos para que no tropiecen tus pies contra alguna piedra".
Y le respondió Jesús: Escrito está también: "No tentarás al Señor tu Dios". (Hace referencia A Deuteronomio 6, 16)

Esta es una tentación capciosa
  • si se niegas, demuestra que no confía en Dios
  • si acepta, obliga a Dios a enviar, a sus ángeles para que le salven
En Mt 27, 42 esta misma tentación, se la harán los judíos cuando esta en la cruz; "...Si es el rey de Israel, que baje ahora de la cruz y creeremos en él".

Nosotros también, tenemos que, de estar atentos para rechazar, cualquier tentación que afecten nuestro trabajo apostólico o nuestra vida de cristiano.
  1. Jesús esta a nuestro lado.
El Señor está siempre a nuestro lado, en cada tentación, y nos dice en Jn 16, 33:
"...! sean valientes! Yo he vencido al mundo".

En Mt 26, 41 nos dice que debemos prevenir la tentación con la oración: "Estén despiertos y orando, para que no caigan en tentación: el espíritu es animosa, pero la carne es débil".

Debemos hacer lo que rezamos en el padrenuestro: "no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal, Amen".

Fue el mismo Jesús quien nos enseño a orar esta oración

Por eso, siempre contamos con la gracia de Dios para vencer cualquier tentación.

Nuestras armas para este combate espiritual contra la tentación, son: la oración, la Santa Misa, la Santísima Eucaristía, el Sacramento de la Penitencia con el Sacerdote, y la devoción a la Santísima Virgen.

Última Cena



1. Llegada la hora.. (Lc 22, 14-23)

El Evangelio nos invita a conocer en el corazón sacerdotal de Cristo.

Es un corazón de pastor y salvador, que se desvive por las ovejas de su rebaño, que nunca abandonará.

San Lucas nos dice: "Cuando llegó la hora, Jesús se puso a la mesa con los apóstoles, y les dijo: Con ansia he deseado comer esta Pascua con vosotros antes de padecer".

Un corazón que manifiesta ansia por los suyos, y por todos nosotros.

Este corazón de sacerdote y pastor manifiesta sus sentimientos, en la institución de la Eucaristía.

Los tres sinópticos, (Mateo, Marcos y Lucas) hacen referencia a este pasaje en sus evangelios.

San Lucas, nos destaca los elementos propios, en la institución eucarística, que son
    • el vino = Sangre de Cristo
    • el pan = su Cuerpo
    • sus palabras = la Consagración
    • orden = Haced esto en memoria Mía
  1. El vino
Es su última Pascua terrena, Jesús anuncia a sus apóstoles, cena celestial: “Les aseguro que yo no la comeré más hasta que llegue a su pleno cumplimiento en el Reino de Dios”.

Cuando “vendrán muchos de Oriente y de Occidente, del Norte y del Sur, a ocupar su lugar en el banquete del Reino de Dios”.

Que no nos suceda como a aquellos que, una vez cerrada la puerta, la golpean diciendo: “Señor, ábrenos… Hemos comido y bebido contigo, y tú enseñaste en nuestras plazas”. Y él nos dirá: “No sé de dónde son ustedes. Apártense de mí todos los que hacen el mal” (Lc 13,25-26.29).

El banquete eucarístico evoca la imagen de un banquete en el cielo.
    • Después de la bendición se bebía la primera copa ritual
    • luego el relato de la Pascua
    • este lo hacía el que presidía, citando los textos Dt 26, Ex 13; 12:29; 1:14, a petición del más joven de los presentes.
    • luego se cantaba la primera parte del Hallel (Sal 113-14),
    • después se partía y daba el pan
    • este debió de ser el momento de la consagración del pan eucarístico
  1. Haced esto...
San Lucas, después de la consagración del pan, añade en boca de Jesús: "Haced esto en memoria mía".

El concilio de Trento definió doctrina de fe, de que, con estas palabras, Jesús ordenó a los apóstoles sacerdotes, y les estableció que ellos y sus sucesores, ofreciesen el sacrificio eucarístico.

En la Última Cena, Jesús sustituye la Vieja Alianza con el Pueblo Judío, por la Nueva Alianza con toda la humanidad.
  1. La Nueva Alianza
La Antigua Alianza era una memoria, nos dice en Ex 12:14 "Ustedes harán recuerdo de está fiesta año ras año, y lo celebrarán con una fiesta en honor a Yahvé. Esta ley es para siempre: los descendientes de ustedes no dejarán de celebrar este día".

El ritual de la cena pascual, terminaba con la comida del cordero pascual.

San Lucas menciona el momento de la consagración del cáliz, que fue después de comer el cordero, se llamaba el cáliz de bendición, por las largas bendiciones que sobre él se hacían (1 Cor 10:16).

Esta nueva cena pascual adquiere un nuevo sentido
    • al convertirse en un anuncio de la muerte de Jesús
    • al Jesús ser el inicio de la nueva alianza
    • al Jesús querer establecer su relación con los hombres
Estos gestos hacen referencia a su muerte en la cruz, que da origen a la nueva alianza, la cual sólo alcanzará su plenitud en su Reino.

El centro del relato está en las palabras de Jesús sobre el pan y el vino.
  1. La Misa
Hoy Jesús, se hace presente en el mundo, a través de la Sagrada Eucaristía en la Misa.

Es así, como continuamos el memorial de Jesús.

Jesús, quiere celebrar cada día la pascua con nosotros y se nos hace presente en la celebración eucarística.

El quiere estar con nosotros, y le pedimos que se quede con nosotros.
  1. La Última Cena
La Última Cena en la que el Señor va a instituir el sacramento de su Cuerpo y de su Sangre.

San Juan sintetiza con una frase los sentimientos de Jesús: "Sabiendo Jesús que había llegado su hora..., así como había amado a los suyos en el mundo, los amó hasta el extremo" (Jn 13,1).

La Eucaristía será el instrumento que permitirá a Jesús, consolarnos en todo lugar y en todo momento.

La voluntad del Padre es que Jesús se siente a su derecha, hasta su segunda venida, pero el amor de Jesús por todos nosotros sus amigos, le mueve a instituir la Eucaristía, en la cual se queda realmente presente en su Cuerpo y Sangre.

Jesús nos entrega su amistad y nos pide nuestra amistad.
    • Ha dejado de ser el Maestro para convertirse en amigo
    • Jesús nos dice: "Vosotros sois mis amigos... No os llamo siervos, os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer…"
    • "Os he hablado para que mi alegría esté en vosotros y vuestra alegría llegue a plenitud"
    • No me habéis elegido vosotros a mí, soy yo quien os he elegido y os he destinado a que os pongáis en camino y deis fruto, y un fruto abundante" (Jn 15, 16)

Dios nos creó para ser felices junto a Él. Los hombres desobedecieron y pecaron (Gen 3,9).

El pecado es un desequilibrio, un desorden, que busca el placer, la satisfacción del egoísmo y la soberbia.

Por eso, el pecado frustra el camino y la meta de nuestra felicidad.

Así nace nuestra necesidad de la expiación, del sufrimiento, del dolor, para volver a restablecer el equilibrio y el orden de Dios.

Dios nos envía la Persona divina, su Hijo, haciéndose hombre para que nos ame como Dios, hasta la muerte de cruz.

Isaías 52, 13 nos dice: "Ese Hombre Dios, el Siervo de Yahvé, que, "desfigurado no parecía hombre, como raíz en tierra árida, si figura, sin belleza, despreciado y evitado de los hombres, como un hombre de dolores, acostumbrado a sufrimientos, considerado leproso, herido de Dios y humillado, traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes, como cordero llevado al matadero", iniciando así la redención de todos los hombres.

Jesús, es la Cabeza, a la cual Dios quiere, unir a todos los hombres.

El Padre, lo ha constituido Pontífice de la Alianza Nueva y eterna por medio de la unción del Espíritu Santo.
  1. El Sacerdote
Para eso, Jesús, antes de morir, elige a unos hombres por medio del sacerdocio, para que, bauticen, proclamen su palabra, perdonen los pecados y renueven su propio sacrificio, en servicio de sus hermanos.

Él, ha elegido a unos hombres de entre los hombres.
    • para ser sacerdotes
    • para que, por la imposición de las manos, participen de su sagrada misión
    • Ellos renueven en su nombre el sacrificio de la redención, donde el pueblo santo se reúne en el Templo, se alimenta con su palabra y se fortalece con sus sacramentos
    • Sus sacerdotes, que al entregar su vida por él y por la salvación de los hermanos, dan su testimonio de fidelidad y amor a Jesús
  1. Funciones
En el siglo XI comienza la teología que puso la sacramentalidad del Orden Sacerdotal de la Iglesia.

Desde entonces se designa con el titulo de Orden, el sacramento que confiere el poder de celebrar la eucaristía.

El sacerdocio católico, es un hombre que han recibido el espíritu y, en virtud de su orden, continúan la obra de los apóstoles.

Las jerarquías del ministerio aparecen en los escritos de los Padres de la Iglesia, como tareas que hombres llamados a edificar el cuerpo de Cristo.

El Orden sacramental es una dimensión esencial para la Iglesia, y por eso fue incluido entre los sacramentos.

Las funciones del obispo, del sacerdote, y las del diácono, están asignadas e identificadas por el derecho canónico.

El Presbítero Sacerdote, colabora con el obispo en las funciones de gobierno de la Iglesia.
Entre sus funciones esta el ofrecimiento de la eucaristía.

Por eso la función del Presbítero en la Iglesia, parte de la Ultima Cena y de las palabras de Cristo, que mandó a los apóstoles hacer "haced esto en memoria mía" (1 Cor 11).
  1. El Concilio Vaticano II
El Concilio Vaticano II dice: "Los presbíteros ejercitan su oficio sagrado sobre todo en el culto eucarístico o comunión, en donde, representando la persona de Cristo, el sacerdote es al mismo tiempo presidente de la celebración eucarística, él ofrece el sacrificio in nomine Ecclesiae o, en persona Ecclesiae y consagrante, sacrificador, y como tal ya no actúa meramente in persona Ecclesiae, sino in persona Christi y proclamando su misterio, unen las oraciones de los fieles al sacrificio de su Cabeza, Cristo, representando y aplicando en el sacrificio de la misa, hasta la venida del Señor (1 Cor 11,26), el único sacrificio del Nuevo Testamento, a saber: el de Cristo, que se ofrece a sí mismo al Padre como hostia inmaculada (Heb 9,11-28)".
  1. La celebración de la Eucaristía
Por eso, el sacerdote nos introduce en el memorial del Señor; "Haced esto en memoria mía".

Por eso el ministerio del sacerdote no se puede limitar a la celebración de un rito; compromete toda la vida y se desarrolla de acuerdo con todo el orden sacramental.
    • El exhorta a la asamblea de los fieles a vivir el sacrificio de la cruz
    • También proclama la palabra de Dios
    • Luego de la Palabra, celebra La misma Cena, en la consagración, repite las mismas palabras de Jesús, "esta es mi sangre de la nueva alianza que será derramada por todos"
    • También repite las mismas palabras de Jesús que declara: "Cada vez que coméis de ese pan y bebéis de esa copa proclamáis la muerte del Señor, hasta que él vuelva" (1 Cor 11,26).
Las funciones principales del sacerdote son
    • predicar
    • bautizar
    • los matrimonios
    • celebrar la eucaristía
El sacerdocio hoy está desvalorizado. Las cosas poco prácticas no se cotizan.

Esta generación consumista sólo tiene ojos para sus propios intereses materiales.
    • ha perdido el sentido de la gratuidad
    • no le dan valor a un beso y una sonrisa
Un jardín no es un negocio, pero necesitamos su belleza. Cultivar patatas y cebollas es más productivo, pero los rosales y las azucenas son necesarios.

El Sacerdote fue instituido por Jesús porque:
    • El Sacerdote sirve. Siempre está sirviendo
    • El Sacerdote es necesario para que limpia la casa
    • El Sacerdote perdona nuestros pecados, porque es instrumento de la misericordia de Dios
    • El Sacerdote está para recibir confidencias, y descargar nuestras conciencias, porque nos da confianza y paz
    • El sacerdote nos ilumina ante los problemas diarios y los conflictos con nuestros valores y fe
    • El sacerdote intercede, le da gracias a Dios, y le rinde el culto debido en la Misa
    • El sacerdote es luz nos ilumina
    • El sacerdote hace presente a Cristo, en los sacramentos y en propia vida
    • El Sacerdote es el alma del mundo
Por todo eso, tenemos que pedir al Señor de la mies que envíe trabajadores a su mies (Mt 9,38).

En un jardín puedes mirar las flores, su color, su estilo y te la llevas. Pero no puedes cambiarle el color, ni hacerla mas grande, o aumentarle su belleza.

Así hace Jesús con nosotros, escoge hombres de entre los hombres, para la función de Sacerdote.
    • Una de las cualidades que busca es su humildad
    • Otra, es la sencillez: "Si no os hacéis como niños...".
Por eso, al celebrar la Eucaristía
    • Jesús está con nosotros en su cuerpo y sangre
    • su presencia es una presencia real
    • participamos en la nueva alianza con Jesús, en la que, unidos a Él, somos hechos hijos de Dios
    • El Padre nos contempla con el mismo amor con que contempla a su Hijo
    • Celebramos la Victoria de Jesús sobre el pecado y la muerte.
    • Celebramos nuestra liberación de la esclavitud del pecado
  1. Dolor de Jesús en el Monte
“Padre, si quieres, aleja de mí este cáliz. Pero no se haga mi voluntad, sino la tuya” (Lc 22,42).

El dolor de Cristo en su agonía es indecible e insondable. Condensa todos los dolores físicos y morales de la humanidad.

En medio de la angustia, él oraba más intensamente, y su sudor era como gotas de sangre que corrían hasta el suelo” (Lc 22, 43-44).

“Él dirigió durante su vida terrena súplicas y plegarias, con fuertes gritos y lágrimas, a aquel que podía salvarlo de la muerte” (Hb 5,7).

El sudor de sangre, los gritos y lágrimas de Jesús fueron descritos por el profeta Isaías: “Sin forma ni hermosura que atrajera nuestras miradas, sin un aspecto que pudiera agradarnos. Despreciado, desechado de los hombres, abrumado de dolores y habituado al sufrimiento, como alguien ante quien se aparta el rostro, tan despreciado, que lo tuvimos por nada” (Is 53,2-3).

Los gritos y lágrimas de Jesús perduran a través de la historia.
  • Son los gritos y lágrimas por los abusos que han cometido contra niños y adolescentes
  • Son los dolores y lágrimas de muchos sacerdotes santos, se ven insultados, por sus mismos feligreses a quienes han dedicado su vida
  1. Perdón
“Cuando llegaron al lugar llamado El Calvario, lo crucificaron junto con los malhechores, uno a su derecha y el otro a su izquierda. Jesús decía: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lc 23,33-34).

El Evangelio de Lucas se abre con el perdón, cuando Zacarías bendice a Dios por su hijo Juan, “porque irás delante del Señor preparando sus caminos, para hacer conocer a su Pueblo la salvación mediante el perdón de los pecados” (Lc 1,76-77).

Y se cierra con el perdón, cuando Jesús envía a los Apóstoles al mundo a “predicar en su Nombre a todas las naciones la conversión para el perdón de los pecados” (Lc 24,47).

El perdón fue la gran obra de Jesús.
  • Con el paralítico: “Al ver su fe, Jesús le dijo: ‘Hombre, tus pecados te son perdonados” (5,20)
  • Con la mujer pecadora: “Dijo a la mujer: ‘Tus pecados te son perdonados’” (Lc 7,48)
El perdón es una petición capital en la oración que Jesús nos enseñó: “Padre, … perdona nuestros pecados porque también nosotros perdonamos a aquellos que nos ofenden” (Lc 11,4).

Y enseña a su discípulo a ser generoso en el perdón: “Si tu hermano peca, repréndelo, y si se arrepiente, perdónale. Y si peca siete veces al día contra ti, y otras tantas vuelve a ti, diciendo: ‘Me arrepiento’, perdónalo” (Lc 17,3-4).

La expresión máxima del perdón, Jesús la da en la cruz.

Esteban, el primer discípulo en morir por Jesús que, cuando lo mataban, repitió las palabras del Maestro: “Señor, ¡no les tengas en cuenta este pecado”! (Hch 7,59).

¡Cuánto perdón necesitamos nosotros, de parte de Dios y del prójimo!

El perdón de Dios está siempre pronto, pues brota de su misericordia infinita. Para recibirlo, es preciso que a nuestra vez perdonemos.

“Si perdonan sus faltas a los demás, el Padre que está en el cielo también los perdonará a ustedes. Pero si no perdonan a los demás, tampoco el Padre los perdonará a ustedes” (Mt 6,14-15).
  1. Pedido de perdón
“Jesús, acuérdate de mí cuando vengas a establecer tu Reino” (Lc 23,42).

Así le dijo a Jesús el buen ladrón, crucificado junto a él, quien supo reconocer su inocencia y vislumbró que era el Mesías.

Por ello mereció escuchar de sus labios: “Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el Paraíso” (Lc 23, 43).

  1. El último suspiro
“Jesús, con un gritó exclamó: ‘Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu’. Y diciendo esto expiró” (Lc 23, 46).

Los evangelistas Mateo y Marcos ponen en labios de Jesús un salmo desgarrador
  • “Dios mío, Dios mío, ¿Por qué me has abandonado?” (Sal 22, 2)
  • Pero también es un salmo lleno de esperanza: “En ti confiaron nuestros padres: confiaron, y tú los libraste… Tú, Señor, no te quedes lejos; tú que eres mi fuerza, ven pronto a socorrerme” (Sal 22, 5.20)
La ultima palabra, que Jesús pronuncia al expirar: “‘Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu’” (Lc 23,46).

Hace referencia al salmo 31, propio de un hombre, que pone su vida en manos de Dios: “Yo me refugio en ti Señor, ¡que nunca me vea defraudado!... Sácame de la red que me han tendido, porque tú eres mi refugio. Yo pongo mi vida en tus manos” (Sal 31,2.5-6).

Después de haber perdonado a sus enemigos, restableció la paz, y nos reconcilió con Dios en un solo Cuerpo, por medio de la cruz” (Ef 2,16).

La misión que Dios le encomendara estaba cumplida.

Le quedaba ponerse en sus manos.

A todos nos llegará la hora de nuestra muerte. Evaluemos nuestra vida, para así podamos entregarle nuestra alma en paz, como lo hizo Jesús.

Y entonces el Padre también nos resucitará.


Solemnidad Jesucristo, Rey del Universo


       
                 Solemnidad Jesucristo, Rey del Universo   (Lc 23, 35-43)   

Por Rev. Diácono Teodoro L. González Serrano
  1. La misericordia de Jesús
En versículo anterior, San Lucas recoge la primera palabra de Cristo en la cruz: “Padre, perdónales, porque no saben qué hacen”.

Jesús, pide perdón por todos los hombres, ya que el pecado de todos, es la causa real de su crucifixión.

Es el perdón que Cristo pide a su Padre, ya que estaba siendo crucificado por haber revelado que era su Hijo.

Es la misericordia de Cristo volcándose por todos los seres humanos (Hech 3:17; 13:27).
  1. Un reinado de justicia y de amor.
El Salmo 28, 10-11 dice; "El Señor se sienta como rey eterno, el Señor bendice a su pueblo con la paz".

La Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo, que celebramos, es una síntesis de todo el misterio de salvación.

Con ella se cierra el año litúrgico, y se presenta a Cristo glorioso, Rey de toda la creación.

Hoy, el evangelio nos muestra a Jesús como el único soberano, ante una sociedad que parece vivir de espaldas a Dios.

Se pone de manifiesto el amor de Cristo Rey, que vino a establecer su reinado, no con la fuerza de un conquistador, sino con la bondad y mansedumbre del pastor:

"Como un pastor sigue el rastro de su rebaño cuando se encuentran las ovejas dispersas, así seguiré Yo el rastro de mis ovejas; y las libraré, sacándolas de todos los lugares donde se dispersaron el día de los nubarrones y de la oscuridad" (Ez 34, 11-12).

Jesús, como buen pastor, buscó a los hombres dispersos y alejados de Dios por el pecado.
  1. Ha salvado a otros, que se salve a sí mismo, si es el Mesías de Dios, ¡El Elegido!
Pues en todas las palabras de Cristo en la cruz, excepto al buen ladrón, todas tienen, directa o indirectamente, un sentido universal por todos los hombres.

Los soldados de la custodia, repetían lo que oían decir a los príncipes de los sacerdotes: que, si era el Mesías, bajase de la cruz.

Era indicio del odio del soldado romano, al judío.

En boca de los príncipes de los sacerdotes pone, el sinónimo del Mesías, el Elegido.

Lucas, deja para lo último, la escena de los dos ladrones crucificados con Él.

Los que van a ser crucificados con Cristo eran malhechores y salteadores, bandidos que asaltan a los indefensos.
  1. ¿No eres tú el Mesías?, Sálvate a ti mismo y a nosotros
Cuando Cristo estaba en la cruz, el mal ladrón le injuriaba y le insultaba con las palabras que oye de los presentes.

La injuria era que, si era el Mesías, con sus poderes, que bajase de la cruz y que lo bajase con Él.

Consideraba, así que sería más espectacular su triunfo.

Pero también, era para ver si lograba una misericordia de los presentes, y que le perdonase la vida.

Esta actitud es símbolo del egoísmo que vive el mundo.

Pero el buen ladrón le reprende, y, reconociendo la justicia de la pena a sus culpas, proclama la inocencia de Cristo, al considerar que, por los insultos que el otro dirige a un inocente, demuestra no temer a Dios, en el último momento de su vida.
  1. Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino.
Y, volviéndose a Cristo, le pidió que se acordase de él.

La respuesta de Cristo es prometerle, con gran solemnidad, "Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso".

Este poder por parte de Cristo, de la suerte eterna de los seres humanos, presenta a Jesús con poderes divinos.

No es un profeta que anuncia una revelación.

Es Cristo que aparece disponiendo él mismo, de la suerte eterna de este hombre. Y esto es poder de Dios.

El paraíso, es una palabra persa, significa jardín.

El buen ladrón, se roba el paraíso en el último instante de su vida, confiándose a Jesús, del mismo modo que éste se entregará en los brazos del Padre. "Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu"
  1. Cristo es un Rey crucificado.
El Evangelio nos invita a fortalecer en nosotros, el deseo de que Cristo reine en nuestra vida.

Pero, para que esto suceda, es necesario vivir siempre en nosotros, una unión total a él.

Jesús, que nos amó primero y que por nosotros llega hasta la muerte, para destruir en su cuerpo clavado en la cruz, nuestro pecado.

Su triunfo, es el triunfo
  • del amor sobre el odio
  • el bien sobre el mal
  • la gratitud sobre la ingratitud
Su victoria es, para el incrédulo, una aparente derrota.

Cristo es un rey crucificado.

Por eso, su poder está en la entrega de sí mismo hasta el extremo, colgado en la cruz, donde es un rey coronado de espinas.

Se trata de una realeza difícil de entender, desde el punto de vista humano.

Para ello, es necesario emprender el camino del amor humilde, que se hace servicio y entrega, hasta la muerte.

Si emprendemos ese camino, el mismo Espíritu Santo, nos hará capaces de entender al humilde rey de la gloria, de quien todos estamos llamados, a ser su discípulo.

Para ello, imitando a Jesús, nosotros debemos dar muerte, a todo nuestro mundo de egoísmos, de pasiones, de vanos deseos y de arrogancia.

  1. Que Cristo reine en primer lugar.
En 1 Cor 15, 25 dice: "Es necesario que Él reine..."

San Pablo enseña que la soberanía de Cristo sobre toda la creación, alcanzará su plenitud tras el juicio universal.

Su venida gloriosa al fin de los tiempos, llevará consigo el triunfo definitivo sobre el demonio, el pecado, la enfermedad, el dolor y la muerte.

Por eso, la actitud del cristiano no puede ser pasiva, ante el reinado de Cristo en el mundo.

Es necesario que Jesús reine
  • en nuestra inteligencia, mediante el conocimiento de su doctrina y sus verdades reveladas
  • es necesario que reine en nuestra voluntad, para que nos identifiquemos cada vez más con su voluntad divina
  • es necesario que reine en nuestro corazón, para que ningún amor se interponga al amor a Dios
  • es necesario que reine en nuestro cuerpo, templo del Espíritu Santo
  • en necesario que reine en nuestro camino de santidad
La fiesta de Cristo Rey, es como un adelanto de la segunda venida de Cristo en poder y majestad.

Nosotros colaboramos en la extensión del reino de Jesús, cuando procuramos hacer más humano y cristiano el mundo que nos rodea, el que vivimos diariamente.
  1. Extender el Reino de Cristo.
A la pregunta de Pilato, Jesús contestó: "Mi reino no es de este mundo..."

Y ante la nueva interpelación del Procurador, respondió: "Yo soy Rey. Para esto he nacido..." (Jn 18, 36-37).

No siendo de este mundo, el Reino de Cristo comienza ya aquí.

Se extiende su reinado en medio de los hombres cuando estos se sienten hijos de Dios, se alimentan de Él y viven para Él.

Cristo es un Rey, a quien el Padre le ha dado todo poder en el Cielo y en la tierra, y gobierna siendo manso y humilde de corazón, porque ha venido, no a ser servido, sino a servir, y dar su vida para la redención de los pecados.

Su trono fue
  • primero el pesebre de Belén
  • luego en la Cruz del Calvario
  • y al final de los tiempos, será en el Reino de los Cielos
Un ladrón fue el primero en reconocer su realeza: "Jesús, acuérdate de mí cuando estés en tu Reino".

El título, que para muchos fue motivo de escándalo, será la salvación de este pecador.

El ladrón solo pedía que se acordase de él; pero el Señor le dice: "En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el Paraíso".

Nuestra vida consiste en vivir con Jesucristo, y donde está Jesucristo allí está su Reino.