Mostrando las entradas con la etiqueta Explicación Evangelios Ciclo C. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Explicación Evangelios Ciclo C. Mostrar todas las entradas

sábado, 3 de agosto de 2019

Los envió de dos en dos


    

Por: Rev. Diac. Teodoro L. González Serrano

 Lc 10, 1-12. 17-20   
    

"En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir Él."


  1. Los envió de dos en dos

El Señor designó a otros setenta y dos discípulos, y los envió de dos en dos para que lo precedieran en todas los pueblos y lugares adonde él pensaba ir.

Con esto el Señor nos quiere enseñar que la misión de evangelizar es de todos, pero bajo la dirección de la Jerarquía de la Iglesia.

Esto, nos motiva a los que deseamos extender, el mensaje y la vida del Hijo Dios.


  1. Rueguen al dueño de la cosecha...

Y les dijo: "La cosecha es mucha, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de la mies que envíe trabajadores para la cosecha".

¡Vayan! Yo los envío como a ovejas en medio de lobos.

Es decir, no hay tiempo que perder y Jesús quiere que comprendamos esto.

Jesús nos muestra y nos advierte que la cosecha es abundante.

Porque, tenemos mucho trabajo que hacer
ü  son muchos los que necesitan evangelización
ü  son muchos los que no conocen a Dios
ü  son muchos los que ignoran el propósito y el plan de Dios
ü  son muchos los hijos que viven alejados de la casa del Padre

Tenemos que llevar el mensaje de Jesús, de que a su paso se repiten los milagros
ü  ciegos que recuperan la vista
ü  leprosos que quedan limpios
ü  pecadores que se mueven a penitencia
ü  y por todas partes van llevando la paz de Cristo


  1. La mies es mucha...

Ante tanto trabajo de Evangelización,
ü  ¿Cuántos están dispuesto a asumir de alguna forma esta tarea?

El Señor nos dice: “La mies es mucha, pero los obreros pocos”

La mies, es el conjunto de frutos que se recogen de la tierra cuando están maduros, especialmente en el tiempo de la cosecha.

Por eso Jesús dice que en la cosecha hay mucho trabajo para los obreros y es buena cuando lo que obtiene es resultado del propio esfuerzo.


  1. Hay que rezar para que haya muchos trabajadores

El mundo, es igual que a un campo donde hay mucho que cosechar, pero los obreros son pocos, para eso, hay que organizar el trabajo apostólico para que sea eficaz y rezar para que haya muchos trabajadores.

Aunque la tarea excede a la capacidad de los obreros, solo podemos llevar a cabo la tarea, con la fuerza de la Gracia de Dios.

Nuestro Padre Dios, oye a los que oran y da ayuda a sus hijos que se la piden.


  1. ¡Vayan! Yo los envío como ovejas en medio de lobos

Pero para llevar adelante esta tarea, y para que sepamos que necesitamos la fuerza que Dios nos da, Jesucristo nos advierte, de que no es tarea fácil.

¡Vayan! Yo los envío como a ovejas en medio de lobos.

Esta es una experiencia, no ausente de sacrificios y dificultades.


  1. No lleven dinero...

Jesús nos instruye diciéndonos: “No lleven dinero, ni provisiones, ni calzado, y no se detengan a saludar a nadie por el camino.”

Porque, lo único necesario e imprescindible es el auxilio divino.

En efecto, a pesar de la ciencia, los avances tecnológicos, la modernidad del mundo de hoy, las comunicaciones rápidas a través del celular, Internet, nada nos ayuda más que la ayuda de Dios.

Hoy no se necesitan apóstoles que nos hablen en nombre de Dios
ü  sino apóstoles que muestren el camino de la verdad, por medio de su vida de testimonio
ü  se necesitan apóstoles que no piensen en si mismo y que se entreguen a esta tarea con sacrificio y vocación
ü  se necesitan apóstoles que se dediquen a llevar el mensaje del Evangelio, sin buscar sus conveniencias personales
ü  se necesitan apóstoles que busquen el bien del prójimo
ü  se necesitan apóstoles que estén dispuesto a sacrificarse por Cristo.


  1. ¡Que descienda la paz a esta casa!

Jesús nos dice:
ü  “Al entrar en una casa, digan primero: "¡Que descienda la paz sobre esta casa!"
ü  Y si hay allí alguien digno de recibirla, esa paz reposará sobre él; de lo contrario, volverá a ustedes”

Por eso, la paz es un gran bien para nuestra alma y para la sociedad.

Este mensaje lo repetirá la Iglesia hasta el fin de los tiempos.


  1. La paz en el mundo

Después de tantos años vemos, sin embargo, que el mundo no está en paz.

El mundo busca y desea la paz, pero no la encuentra.

Incluso dentro de cada país, y naciones, nuestro estado de vida diario, tampoco tiene nada que ver con la paz.

No es que no haya guerra, sino lo que hay es una falta de paz.

El mundo esta lleno de lucha de razas, lucha de clases, lucha de ideologías, lucha de partidos políticos, terrorismo, asesinatos, secuestros, motines, conflictos bélicos, violencia, odios, resentimientos, acusaciones.


  1. No hay paz

No hay paz en la sociedad, ni en las familias, ni en las almas.

¿Qué es lo que sucede para que no haya paz?

Porque el mundo esté buscando la paz donde no la puede encontrar, porque la confunde con la tranquilidad.

En Filipenses 4, 7 nos dice" "Entonces la Paz de Dios, que es mucho mayor de lo que se puede imaginar, les guardará su corazón y sus pensamientos en Cristo Jesús".

En Lc 2, 14 en el anuncio a los pastores, nos dice" "De pronto aparecieron otros
ángeles y todos alababan a Dios, diciendo: Gloria a Dios en lo más alto del cielo, y en la tierra, gracia y paz a los hombres".

Por eso, la paz, no la puede dar el mundo.


  1. El pecado original

En los comienzos, antes de que se cometiera el pecado original, todo estaba ordenado para dar gloria a Dios y para felicidad de los hombres.

No existían las guerras, los odios, los rencores, la incomprensión, las injusticias.

Por el pecado original, el hombre se convirtió en un ser egoísta, y soberbio.

De ahí sale la violencia y la injusticia, porque tienen raíces en el corazón de cada uno de nosotros.

Del corazón proceden todos los pecados que los hombres son capaces de cometer
ü  contra Dios
ü  contra el prójimo
ü  contra ellos mismos

La paz es consecuencia de la gracia santificante
La violencia, es consecuencia del pecado

La paz es un gran bien para el alma y para la sociedad.


  1. Nuestra lucha

Por eso, aunque nuestra vida tiende hacia el pecado, sin embargo, puede, con la ayuda de la gracia, podemos vencer estas pasiones desordenadas, y alcanzar la paz que Cristo nos da.

Por eso, nuestra vida del cristiano se convierte en una lucha por rechazar el pecado y alcanzar a Cristo.

En esta lucha, el cristiano, encuentra una seguridad que solo nos da Jesús.

Para eso, hagamos uso de los medios que Jesús nos dejo a través del sacramento de la Penitencia y a la dirección espiritual con el Sacerdote.


  1. La presencia de Jesús

La presencia de Cristo en el corazón es el origen de la verdadera paz, y no la ausencia de dificultades.

Entonces solo así podremos escuchar las palabras que Jesús nos dirige: "tu fe te ha salvado y te ha curado. ¡Vete en paz!".

No hay paz sin contrición, sin una profunda sinceridad con nosotros mismos que nos lleva a reconocer, todo aquello que nos aleja de Dios y de los hermanos.

Cuando entramos a en una casa, y decimos: Paz a esta casa... No es un simple saludo, es la paz de Cristo que debemos de llevar al prójimo.

La paz del mundo comienza en el corazón de cada hombre.

El cristiano que vive de fe
ü  es el hombre de paz que la contagia
ü  y los demás buscarán su compañía

Nos dice Jesús: “Permanezcan en esa misma casa, comiendo y bebiendo de lo que haya, porque el que trabaja merece su salario. No vayan de casa en casa. En las ciudades donde entren y sean recibidos, coman lo que les sirvan; sanen a sus enfermos y digan a la gente: "El Reino de Dios está cerca de ustedes".

  1. El Reino de Dios esta cerca
Todos debemos anunciar la Buena Noticia
ü  no es algo lejano
ü  no es algo que no nos pertenezca
ü  esta dentro de nosotros mismos
ü  y es el amor a Dios y al prójimo
ü  esa es nuestra razón de ser y el motivo de nuestras acciones

El Reino de Dios, es una unión con Dios, que cubre toda nuestra vida, y que proyectamos a los demás, a través de toda nuestra vida.

Esta vida de Dios en nosotros y ese vivir nuestro de Dios que no es algo fácil, pero es nuestro ideal para llegar a compenetrarnos en El.

Para eso, tenemos que hacer mucha oración por las vocaciones para servir al Señor.

Todos estamos invitados a trabajar por el Reino, por eso Jesús nos dice: “Rueguen al dueño de la mies que envíe trabajadores”


  1. Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre

“Al volver los setenta y dos de su misión, dijeron a Jesús llenos de gozo: "Señor, hasta los demonios se nos someten en tu Nombre". Él les dijo: "Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo.

Al regresar los apóstoles que había enviado Jesús, estos no pudieron disimular la alegría porque, su misión era un éxito.

Pero estos se alegraban porque habían hecho milagros, que por haber sido seleccionados a cumplir una labor que Jesús les encomendó.

Su alegría no era por aquellos que se hubieran convertido.

Por eso, Jesús les reprendió el orgullo de su falsa alegría en su corazón.

Por eso les dice: "Veía a Satanás que caía del cielo como un rayo".

Antes de la venida del Salvador, Satanás había sometido a todo el mundo a su dominio.

Pero desde que Jesús bajó del cielo, Satanás, cayó como un rayo, porque es humillado por los que adoran a Jesús.


  1. Poder para caminar sobre serpientes y escorpiones

Jesús les dice a sus discípulos, que les ha dado poder para caminar sobre serpientes y escorpiones y para vencer todas las fuerzas del enemigo y que por esto nada podrá dañarlos.

Hay una diferencia entre las serpientes y los escorpiones
ü  mientras las serpientes atacan con la boca, y de frente
ü  los escorpiones los hacen con la cola, y a escondidas


  1. Sin embargo, no se alegren...

Los discípulos estaban llenos de alegría, porque habían evangelizado y predicado la Buena Noticia de la salvación.

Sin embargo, la alegría de estos, era bien vanidosa, pues se alegraban de haberle hecho frente, y sometido a los demonios.

Jesús, quien ve el corazón de sus discípulos dice: "sin embargo no se alegren de que los espíritus se les sometan".

Arrojar los espíritus, así como obrar otros prodigios, no siempre es por el mérito del que obra, sino que por la invocación del nombre de Jesucristo.

Porque todo lo que hicieron los discípulos, fue por el poder de invocar su nombre.


  1. Nombres escritos en el cielo
Jesús quiere ahora elevarlos a una alegría mayor, por eso le dice que deben alegrarse más bien de que sus nombres estén escritos en el cielo.

Nuestra alegría debe ser más por poder ir al cielo, que por humillar al demonio.

Contrario a como los hombres viviendo abajo en el mundo, son inscritos arriba en el cielo, El diablo cae de lo alto del cielo al mundo.


¿De quien serán todos tus bienes?


       
Por: Rev. Diac. Teodoro L. González Serrano

 Lc 12,13-21             

"Pero Dios le dijo: "¡Necio! Esta misma noche te reclamarán el alma; las cosas que preparaste, ¿para quién serán?"

  1. Maestro, dile a mi hermano que comparta conmigo la herencia

En aquel tiempo, hallándose Jesús en medio de una multitud, un hombre le dijo: Maestro,
dile a mi hermano que comparta conmigo la herencia”.

Lucas hace una introducción, que da motivo para insertar la parábola sobre la avaricia.

Esta persona le pide, basado en el prestigio y buen nombre que tenía Jesús, que intervenga en un asunto familiar.

Cristo le hace ver que su misión, no es la de arreglar cuestiones materiales.

Por eso, no quiere aparentar que aprueba una actitud de intermediario, por los bienes de este mundo.


  1. Buscar las cosas del cielo

San Pablo, en Colosenses 3, 1-5 dice: "Hermanos: Ya que habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra".

Los bienes de este mundo duran poco y no llenan el corazón humano, por muy abundantes que sean.

En Sabiduría 2, 1 "Corta y triste es nuestra vida, el hombre no tiene remedio para salvarse de la muerte y nunca se vio que alguien volviera del otro mundo".

Esa una gran fortuna, se les dejará a otros, que la malgastan, porque no la trabajaron.

De ahí vienen los problemas de herencia por el dinero, y propiedades, entre otros

¿A qué se reducen tantos esfuerzos y fatigas, si no se lleva consigo lo que se obtiene?

Por eso, Dios es el que le da sentido a la vida, al trabajo, al dolor, a la enfermedad.



  1. Buscar las cosas del mundo

Sin embargo, el corazón del hombre buscar las cosas del mundo, y tiende a apegarse a ellas como lo más importante, y se olvida de lo que realmente es más importante, es la vida eterna en el cielo.

Jesús toma la discusión de el reparto de herencias que le proponen, para enseñarnos sobre el sentido de la vida y de los bienes.

Jesús nos ilustra con esta parábola de un rico, que sólo se dedica a alcanzar riquezas,
pensando disfrutar largos años de vida con ellas. Pero la muerte le sobrevino y no la pudo disfrutar.


  1. Un hombre rico tuvo una gran cosecha y se puso a pensar

Dice el Señor
ü  Un hombre rico tuvo una gran cosecha
ü  Y empezó a echar cálculos: ¿Qué haré? No tengo donde almacenar la cosecha
ü  Y se dijo: ... derribaré los graneros y construiré otros más grandes...
ü  Y entonces me diré a mí mismo: Hombre, tienes bienes acumulados para muchos años: túmbate, come, bebe y date buena vida...

Nos enseña el Señor que poner el corazón, en el afán de riqueza y bienestar material es una necedad, porque ni la felicidad, ni la misma vida humana se fundamentan en ellos.

El rico de la parábola
ü  revela su ideal de vida en el diálogo que entabla consigo mismo
ü  se le ve seguro de sí porque tiene bienes, y en ellos basa su estabilidad y felicidad
ü  para él, vivir es disfrutar lo más posible: comer, beber, darse buena vida
ü  su fin es disfrutar de los bienes por muchos años
ü  no hay ninguna referencia a Dios ni al prójimo
ü  no ve la necesidad de compartir los bienes recibidos, con otros

¿Y cómo piensa asegurar sus bienes?
ü  Almacenaré...
ü  sin embargo, todo lo que no se construya sobre Dios está edificado sobre arena
ü  la seguridad que dan los bienes materiales es frágil, porque nuestra vida no se llena sino con Dios

Debemos preguntarnos nosotros hoy, ¿en qué tenemos puesto nuestro corazón?

Como conocemos que nuestro destino es el Cielo, tenemos que evaluar lo que poseemos y usamos, y ver el modo de que otras personas más necesitadas compartan también de lo nuestro, y ayudar en las tareas apostólicas.


  1. Dios

En el diálogo que sostiene el rico consigo mismo interviene otro personaje que no había tenido en cuenta, Dios.

Necio, le dice, esta noche te van a exigir la vida. Lo que has acumulado, ¿de quién será? Todo ha sido inútil. Así será el que amasa riquezas para sí y no es rico ante Dios.

Se le llama “necio o insensato” en el Salmo 14, 1 al que, niega a Dios: "Dice en su corazón el insensato: Mentira, Dios no existe"

Nuestro paso por la tierra es un tiempo que, el mismo Señor nos lo ha dado.

El Señor llegará cuando menos lo esperábamos, como el ladrón en la noche (Mt 25, 43).

El Señor vendrá a llamarnos, y a pedirnos cuenta de los bienes que nos dejó para que los administrásemos
ü  la inteligencia
ü  la salud
ü  los bienes materiales
ü  la posibilidad de hacer felices a otros


  1. Necio

Necio o insensato, es la palabra que Dios dirige a este hombre que había vivido solo para lo material.

Tenemos que caminar en la tierra, con ilusiones e ideales humanos, previendo el futuro para uno mismo y para aquellos que dependen de nosotros, como un buen padre y madre de familia, pero sin olvidar que somos peregrinos.

Nadie se crea rico, porque al final todos somos pobres.
ü  los bienes son meros medios para alcanzar la meta que el Señor nos ha señalado
ü  nunca deben ser el fin de nuestros días aquí en la tierra

Nuestra vida es corta y limitada en el tiempo. Nuestros días están numerados y contados, porque estamos en las manos de Dios.

Dentro de un tiempo nos encontraremos cara a cara con Él.

Nuestro final, nos ayuda a santificar el trabajo y nos facilita el aprovechar todas las circunstancias de esta vida, para merecer y reparar por nuestros pecados.

Hoy han muerto miles de personas en diferentes circunstancias.
ü  unos han muerto con el corazón puesto en asuntos de poca importancia en relación a su vida más allá de la muerte
ü  otras tenían la vista y el corazón en los bienes materiales, pero dirigidos a Dios.


  1. Nuestro destino

El destino que nos espera en la eternidad, es consecuencia de la actitud, que hayamos tomado en nuestro paso por la tierra.

En Eclesiastés 11, 3 dice: "Si un árbol cae, sea al norte o hacia el sur, en el lugar donde cae quedará".

De aquí las advertencias de Jesús sobre la muerte, para estar siempre en vigilia (Mt 24, 42-44; Mc 13, 32-37).

El cristiano no puede despreciar la vida temporal, pues ella sirve como preparación para su existencia con Dios en el Cielo.

Solo quien se hace rico, mediante la santificación y el buen uso de los bienes materiales, acumula tesoros ante Dios.

El Salmo 39, 7 dice: "Como sombra se pasea el mortal; no es más que soplo, pero se afana y almacena sin saber para quién".


  1. Desprendimiento

Por eso, los bienes que tenemos, tienen que estar orientados hacia la gloria de Dios.

Y si alguna vez llegan a faltar, su carencia no nos quitará nuestra alegría.

Así, podemos ser felices en la abundancia y en la escasez, porque los bienes materiales, nunca serán el objeto de nuestra vida.

Y lo mucho o lo poco que tenemos, podremos compartirlo con quienes carecen de ello.

La consideración de la muerte nos enseña también a aprovechar bien los días, pues el tiempo que tenemos por delante es corto.


  1. Eviten toda clase de avaricia

Y dirigiéndose a la multitud, dijo: “Eviten toda clase de avaricia, porque el alma del hombre no depende de la abundancia de los bienes que posea”.

La avaricia es uno de los pecados capitales, está prohibido por el noveno y décimo
mandamiento.

Por eso, es importante en la vida del cristiano conocer este mal, para no caer en pecado.

Jesús nos también nos dice en Lc 14, 33: "Del mismo modo, cualquiera de ustedes que no renuncie a todo lo que tiene, no puede ser discípulo mío".

Prohíbe el deseo desordenado nacido de lo pasión de las riquezas y de su poder.

Prohíbe también el deseo de cometer una injusticia mediante la cual se perjudicaría al prójimo en sus bienes temporales.

Cuando en Deuteronomio 5, 19 en Los 10 Mandamientos nos dice: "No Robaras" nos quiere decir también "No codiciarás", porque tenemos que apartar nuestros deseos de todo lo que no nos pertenece.


  1. El deseo desordenado por la riqueza

La avaricia es el afán excesivo de poseer y de adquirir riquezas para atesorarlas, o la
Inclinación o deseo desordenado, de placeres o de posesiones.

La avaricia del latín "avarus", que significa "codicioso", "ansiar", es el deseo desordenado y excesivo por la riqueza.

Consiste en conseguir dinero, propiedades, y otros bienes materiales, con el solo propósito de vivir para eso.

Por eso Jesús dice: "Que difícil le es al rico entra en el reino de los cielos".

Cuando el amor desordenado se convierte en deseo, la avaricia no puede ser controlada.

El hombre quiere poseerlo todo, para tener la impresión de que no necesita de Dios.

La avaricia es un pecado contra la caridad y la justicia.

Es la raíz de muchas otras actitudes: perfidia, fraude, perjurio, endurecimiento del corazón.

La avaricia sobrepasa la precaución y la prudencia; es un vicio espiritual, que ambiciona no carecer de nada.

El avaro se aparta de los demás, se encierra en sí mismo y se impone una austeridad que va incluso en contra de sus necesidades vitales.
ü  come menos parara no gastar
ü  pierde horas de sueño velando su fortuna


  1. ¿Para quien serán todos los bienes?

El Evangelio (Mt, 6,24) dice “Nadie puede servir a dos patrones: necesariamente odiará a
uno y amará al otro, o bien cuidará al primero y despreciará al otro. Ustedes no pueden
servir al mismo tiempo a Dios y al Dinero”

El personaje de la parábola es un rico, que puede ser cualquiera de nosotros, tiene una buena cosecha y decide almacenarla en unos nuevos graneros, saboreando el placer de poseer muchos bienes para gozarlos por muchos años.

El rico de hoy
ü  tiene propiedades
ü  tiene ahorros
ü  tiene un plan de pensiones
ü  tiene seguro social
ü  tiene desempleo
ü  tiene cupones
ü  tiene subsidio de agua, luz, teléfono, renta

Sin embargo, Dios nos despierta de nuestra estupidez haciéndonos conscientes de que no somos el dueño de nuestra vida y de que, seremos llamados a entregársela al Señor.

El Señor, nos quiere hacer ver que, cuando realizamos el precepto del amor, es cuando nos enriquecemos ante Dios.

Jesús nos ha recomendado que no acumulemos tesoros en la tierra, sino en el cielo, y nos
ha hecho conscientes de que allí donde está nuestro tesoro, allí estará nuestro corazón.


sábado, 20 de julio de 2019

Cuerpo y Sangre de Cristo



 

 Lucas 9:12-17  "...Comieron todos y se saciaron..."

Por: Rev. Diac. Teodoro L. González Serrano


  1. Lecturas

En Génesis 14, 18-20 dice: "En aquellos días, Melquisedec, rey de Salem, presento pan y vino, pues era sacerdote del Dios altísimo, y bendijo a Abram, diciendo: Bendito sea Abram de parte del Dios altísimo, creador de cielo y tierra, y bendito sea el Dios altísimo, que entregó a tus enemigos en tus manos"

En Corintios 11, 23-26 dice: "Hermanos: Yo he recibido una tradición, que procede del Señor y que a mi vez os he transmitido: Que el Señor Jesús, en la noche en que iban a entregarlo, tomó un pan y, pronunciando la acción de gracias, lo partió y dijo: Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía."

Lo mismo hizo con el cáliz, (después de cenar, diciendo: «Este cáliz es la nueva alianza sellada con mi sangre; haced esto cada vez que lo bebáis, en memoria mía.»

Por eso, cada vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz, proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva.)

En Lucas 9: 13 dice: "...Ellos replicaron: “No tenemos más que cinco panes y dos peces; ...”
Él, tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición sobre ellos, los partió y se los dio a los discípulos para que se los sirvieran a la gente. Comieron todos y se saciaron, y cogieron las sobras: doce cestos.

Cada una de estas lecturas, hace referencia al sacerdocio a través del pan y el vino.


  1. Junto a Cristo Sacerdote

En el año 1996 el Papa Juan Pablo II, haciendo referencia a 1 Cor 1, 26:  "El sacerdocio es una vocación, una vocación particular: Nadie se arroga tal dignidad, sino es llamado por Dios" (Hb 5, 4).

En la Carta a los hebreos 5, 1 dice: "Todo Sumo Sacerdote es tomado de entre los hombres para ser su representante ante Dios".

Mas adelante dice: "Además, ninguno se apropia esta dignidad, sino que debe ser llamado por Dios, tal como lo fue Aarón"

Hebreos 5, 5-6 referente a Jesús dice: "Así vemos que Cristo no se atribuyó el honor de ser Sumo Sacerdote; se lo otorgó Aquel que dice: Tú eres mi Hijo...Tú eres sacerdote para siempre, a semejanza de Melquisedec".


  1. La singular vocación de Cristo Sacerdote

Cristo, Hijo de la misma naturaleza del Padre, es constituido sacerdote de la Nueva Alianza: Por eso Jesús es también, llamado al sacerdocio.

Es el Padre quién llama a su Hijo, para que se encarne en el mundo y se haga hombre.

El quiere que su Hijo unigénito, sea sacerdote para siempre.

El sacerdocio de Jesús se encuentra a su vez, en el misterio trinitario.

Sólo el Hijo, por el cual y por medio de él, todo ha sido creado, puede ofrecer al Padre, toda la creación como sacrificio de alabanza al Padre Creador.

El Hijo unigénito y eterno del Padre, nace de una mujer y se hace carne, y así entra en la creación y se hace sacerdote, único y eterno sacerdote.


  1. Jesús sacerdote y la cruz                                                            
                                                                                        
La Carta a los hebreos 9, 11-12 nos demuestra que el sacerdocio de Cristo está unido al sacrificio de la Cruz cuando dice: "Pero Cristo ha llegado como el Sumo Sacerdote que procura los beneficios del mundo nuevo. Atravesó un Santuario más noble y más perfecto, no hecho por mano de hombres... No llevaba sangre de chivos ni de novillos, sino su propia sangre, y con ella entró de una vez por todas al Santuario, consiguiendo rescatarnos para siempre".


  1. Sacerdocio común y sacerdocio ministerial

El sacerdocio está al servicio del sacerdocio de los fieles.

El sacerdote, cuando celebra la Eucaristía y administra los sacramentos, hace participes a los fieles en el sacerdocio de Cristo.


  1. La llamada personal al sacerdocio                                                     

La vocación sacerdotal es una llamada específica, única e individual.                         

Por eso, toda llamada al sacerdocio tiene, su historia relacionada con algún momento de nuestra vida.

Al llamar a los Apóstoles, Cristo le decía a cada uno. "Sígueme" (Mt 4, 19; 9, 9; Mc 1, 17; 2,14; Lc 5, 27; Jn 1, 43; 21, 19).

Hoy también, él continúa haciendo la misma invitación a muchos hombres,
principalmente a los jóvenes y algunos ya mayores.

Esa llamada no es inesperada. Sino que es una invitación de Cristo, que se ha venido realizando en diferentes momentos de nuestra vida.

Por eso, no es de sorprender que surge la vocación de algunos, en el momento que menos lo espera a diferentes edades.

Y así, ese hombre emprende el camino de Cristo, y deja a su familia e inicia la preparación a ese llamado al sacerdocio.


  1. Sígueme                                                             

Por eso, Cristo en diferentes momentos se dirige a varias personas y les dice sígueme.
ü  en Mt 4, 19-22 a Pedro y a los hijos del Zebedeo, que eran pescadores
ü  en Mt 9, 9 a Mateo, un publicano cobrador de impuestos, cuya profesión era considerada en Israel como pecaminosa, pero Cristo lo llama para formar parte del grupo de los Apóstoles
ü  en Hechos 9, 1-19 a Saulo de Tarso, fariseo y temido perseguidor de los cristianos. Sin embargo, es llamado en el camino de Damasco para hacer de él un instrumento de elección, destinado a sufrir mucho por el nombre de Jesús (cf. Hch 9, 15-16).


  1. La vocación sacerdotal de los Apóstoles

Por tanto, la imagen de la vocación en los Evangelios está unida a la figura del pescador.

Jesús llamó consigo a algunos pescadores de Galilea, e ilustró la misión apostólica haciendo referencia a esa profesión.

En Lc 5, 8-10 después de la pesca milagrosa, cuando Pedro se echó a sus pies exclamando: "Aléjate de mí, Señor, que soy un hombre pecador", Cristo respondió: "No temas. Desde ahora serás pescador de hombres".

Pedro y los demás Apóstoles
ü  vivían con Jesús y recorrían con él los caminos de su misión
ü  escuchaban las palabras que pronunciaba
ü  admiraban sus obras
ü  se asombraban de los milagros que hacía
ü  conocían que Jesús era el Mesías, enviado por Dios para la salvación

Sin embargo, la fe de ellos, tenia que pasar a través del misterio salvífico que Jesús había anunciado: "El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres; le matarán, y al tercer día resucitará" (Mt 17, 22-23).

Todo esto sucedió con su muerte y su resurrección, en los días de su pasión.

Así Cristo mostró a los Apóstoles que su vocación era la de ser sacerdotes como El y en El.

Y en el Cenáculo, la víspera de su muerte en cruz, El tomó el pan y luego el cáliz del vino, pronunciando sobre ellos las palabras de la consagración. El pan y el vino se convirtieron en su Cuerpo y en su Sangre, ofrecidos en sacrifico para toda la humanidad. Jesús terminó este gesto ordenando a los Apóstoles: "Haced esto en conmemoración mía" (1 Co 11, 24).

Con estas palabras "Haced esto", su voluntad la transmitió, a la Iglesia de todos los tiempos.

Confiando a los Apóstoles el Memorial de su sacrificio, Cristo les hizo también partícipes de su sacerdocio.

Por eso, hay una unión indisoluble entre la ofrenda y el sacerdote: quien ofrece el sacrificio de Cristo tiene que tener parte en el sacerdocio de Cristo.

Por lo tanto, la vocación al sacerdocio es, vocación a ofrecer su sacrificio "in persona Christi" por motivo de la participación de su sacerdocio.

Por eso el sacerdote a heredado de los Apóstoles, su ministerio sacerdotal.

El sacerdote se realiza a sí mismo mediante una respuesta siempre renovada y vigilante

Jn 11, 28 dice: "El Maestro está ahí y te llama".
Estas palabras, también hoy, hacen referencia a nuestra vocación sacerdotal.

Es una llamada de Dios, que está en el camino que el hombre debe recorrer en toda su vida.

Este llamado de todos, inicia un camino que dura hasta la muerte.

Pero Jesús, hace un llamado especial a los presbíteros, para varias encomiendas y servicios de esta vocación al sacerdocio.


  1. Llamada a estar despiertos

En Lc 12, 35-40 hace referencia a la parábola de los criados que esperan el regreso de su amo. Como éste tarda, ellos deben vigilar para que, cuando llegue, los encuentre despiertos.

Esta vigilancia evangélica es otra definición de la vocación al sacerdocio.

Esta se realiza por medio del sentido de responsabilidad vigilante, cuando Cristo dice en Lc 12, 37-38: "Dichosos los siervos que, el señor al venir, encuentre despiertos... Que venga en la segunda vigilia o en la tercera, si los encuentra así, ¡dichosos ellos!".

Para dedicarse al servicio de Jesús, los presbíteros de la Iglesia católica asumen el compromiso de vivir en el celibato durante toda la vida.


  1. El sacerdocio como "officium laudis"

El sacerdote siempre da gloria a Dios.
ü  cuando el sacerdote celebra la Eucaristía
ü  cuando en el sacramento de la Penitencia concede el perdón de Dios
ü  o cuando administra los otros sacramentos

Por eso, el sacerdote junto con la comunidad de los creyentes, proclama la gloria divina, en la creación y en la redención.

Así, el sacerdote está llamado a unirse de manera particular a Cristo, Verbo eterno y verdadero Hombre, Redentor del mundo.

En la redención se manifiesta la plenitud de la gloria que la humanidad y la creación dan al Padre por medio de Jesucristo.


  1. El sacerdote acompaña a los fieles hacia la plenitud de la vida en Dios

El sacerdote, cuya vocación es dar gloria a Dios, está al mismo tiempo unido a la plenitud de la vida de los fieles.

Esa plenitud de los fieles significa que
ü  el hombre, fue creado por Dios a su imagen y semejanza
ü  el hombre, Dios le ha confiado la tierra para que la domine
ü  el hombre, revestido de una riqueza de naturaleza y de gracia
ü  el hombre, liberado de la esclavitud del pecado es elevado a la dignidad de hijo adoptivo de Dios

Es en esa plenitud del hombre, con la que el sacerdote celebra los divinos misterios
ü  desde el recién nacido que los padres llevan a bautizar
ü  hasta los niños y chicos que encuentra en la catequesis de religión
ü  los jóvenes que, durante ese período de su vida, buscan su camino, la propia vocación, y se preparan al matrimonio, o a consagrarse como sacerdote por el Reino de Dios
ü  los adultos que vienen en busca de ayuda o dirección espiritual

El Sacerdote, al acercarse a los jóvenes encuentra a los futuros padres y madres de familia, a los futuros profesionales, y a las personas que podrán contribuir a construir la sociedad del mañana.

El sacerdote, participa de los sufrimientos, las alegrías, las desilusiones y las esperanzas de los fieles.

El Sacerdote, con el compromiso de su vocación, es mostrar Dios al hombre, como el último y único fin de su destino personal para alcanzar la vida eterna.

El sacerdote, es aquél a quien las personas confían sus secretos.

El Sacerdote, es el esperado por los enfermos, por los ancianos y los moribundos, conscientes de que, como sacerdote de Cristo, puede ayudarlos en el último momento de su vida, para llevarlos hasta Dios.

El sacerdote, es mensajero y testigo de la vocación del hombre a la vida eterna en Dios.

El Sacerdote, mientras sirve a los hermanos, se prepara a sí mismo para tomar parte en la vida eterna.

Hasta el día en que Cristo le dirá: "¡Bien, siervo bueno y fiel!; ...entra en el gozo de tu señor" (Mt 25, 21).


  1. El jubileo sacerdotal: tiempo de alegría y de acción de gracias

Para los sacerdotes, su vocación es un tiempo de alegría y de acción de gracias, principalmente el Jueves Santo, día en que se conmemora la institución de la Eucaristía y del sacramento del Orden.


  1. Gracias, Señor, por el don del sacerdocio

Gracias Señor Jesús, por todos los sacerdotes en el mundo entero, que han respondido a tu llamado, y que han dejado su familia, patria y profesión, para dedicar su vida al servicio de los demás y guiarlos a la vida eterna en el cielo junto a Tí.