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martes, 14 de mayo de 2019

La Promesa del Espíritu Santo




"El Espíritu Santo les recordará todo cuanto les he dicho...." (Jn 14, 23-29)


  1. La promesa del cielo. (Jn 14, 23-29)                   

En estos cuarenta días que transcurren entre la Pascua y la Ascensión del Señor, el próximo domingo, la Iglesia nos invita a tener los ojos puestos en el Cielo.

En Jn 14, 19-20 Jesús les dice: "No los dejaré huérfanos, sino que vengo a ustedes. Dentro de poco, el mundo ya no me verá, pero ustedes me verán, porque yo vivo, y ustedes también vivirán".

En Jn 14, 3 dice: "Pero, si me voy a prepararles un lugar, es que volveré y los llevaré junto a mí, para que, donde yo estoy, estén también ustedes".

En 1 Corintios 11, 26 dice: "Así, pues, cada vez que comen de este pan y beben de la copa, están anunciando la muerte del Señor hasta que venga".

En 1 de Juan 2, 28 dice: "Y ahora, hijitos, permanezcan en él, para que tengamos confianza en su gloria y no sintamos vergüenza ante él cuando venga".

Así, Él nos llevará a la gloria del cielo, al encuentro con su Padre celestial, y Padre nuestro.


  1. Nuestra relación con Jesús

De nuestra relación diaria con Jesucristo, nace nuestro deseo de encontrarnos con Él en el momento de nuestra muerte.  

Por eso, nuestro amor a Jesús, cambia el miedo de ese momento final que nos llegará a todos.

Nuestro pensamiento del Cielo nos ayudará a vivir desprendidos de los bienes materiales.


  1. El cielo

¡Que grande, es el premio de la vida eterna, que nos ha prometido Jesús!

No debemos dejar pasar esa oportunidad.

Nuestro deseo de alcanzar esa promesa, nos ayudará a estar vigilantes en las cosas grandes y en las pequeñas, para evitar que nos distraigan de nuestro camino.

No existen palabras para expresar, lo que será nuestra vida en el Cielo.

"Ni ojo vio, ni oído ha escuchado, ni mente ha pensado en lo que Dios tiene para los que le aman".

En 1 Jn 3, 2 dice: "Amados, desde ya somos Hijos de Dios, aunque no se ha manifestado lo que seremos al fin. Pero ya sabemos: cuando él se manifieste en su gloria seremos semejantes a él, porque lo veremos tal como es".

En el Antiguo Testamento se compara la felicidad del Cielo, con la promesa de la tierra prometida después del largo caminando por el desierto.

Allí, en la nueva tierra del cielo, se terminarán las fatigas del viaje de nuestra vida en este mundo.


  1. La bienaventuranza

En Jn 6, 39-40 nos dice de la bienaventuranza que predicó nuestro Señor: "Y, la voluntad de mi Padre es que yo no pierda nada de lo que él me ha dado... La voluntad de mi Padre, es que todo aquel que ve al Hijo, y cree en Él, tenga vida eterna, y yo le resucitaré en el último día"

En la Última Cena dice, "Oh Padre, yo deseo ardientemente que aquellos que Tú me has dado estén conmigo allí donde yo estoy, para que contemplen mi gloria, que Tú me has dado, porque Tú me amaste antes de la creación del mundo" (Jn 17, 24).

La felicidad, de la vida eterna, consiste en que veremos a Dios tal cual es.

Esta visión también es, comunión de vida con Dios, Uno y Trino.

Ver a Dios es, ser felices en Él y con Él.


  1. Nuestro gozo

Será un inmenso gozo de poder contemplar a Dios, y de ver y estar con Jesucristo glorificado.

En 1 Corintios 15, 53 San Pablo dice: "Ya saben que la trompeta tocará para que resuciten los muertos. Cuando, pues, toque la trompeta, es un instante, en un abrir y cerrar de ojos, todos seremos transformados. Nuestro cuerpo mortal y corruptible se revestirá de vida que no sabe de muerte ni de corrupción..."
Por eso, nuestro cuerpo tendrá las cualidades de los cuerpos gloriosos: no estará sometido a las limitaciones del espacio y del tiempo.

Apoc 21, 3 dice: "Esta es la morada de Dios entre los hombres...Enjuagara toda lágrima de sus ojos y ya no existiré ni muerte, ni duelo, ni gemidos, ni penas porque todo lo anterior ha pasado".

Apoc 21, 1 dice: "Después, tuve la visión del Cielo Nuevo y de la Nueva Tierra. Pues el primer cielo y la primera tierra ya pasaron; en cuanto al mar, ya no existe".   

Nuestro deseo del Cielo, nos debe llevar a una vida que, nos impulsa a buscar los bienes que perduran y no desear los bienes materiales, que son los que nos llevan al pecado.

Cuando tenemos nuestros pensamientos en el Cielo, eso nos da una gran paz y tranquilidad que solo viene de Jesús.

Allí también nos espera nuestra madre, la Santísima Virgen.


Por: Rev. Diac. Teodoro L. González Serrano

lunes, 25 de marzo de 2019

Cristo Resucitado se presenta ante sus discípulos



Por: Rev. Diac. Teodoro L. González Serrano

"Ocho días después, se le apareció Jesús..."  (Jn 20, 19-31)
  1. Al atardecer del primer día de la semana
En el Evangelio de San Juan, las apariciones de Jesús a los apóstoles, son destacadas para
indicarnos su importancia.

La primera aparición, fue en la tarde del mismo día de la resurrección, que era llamado por los judíos, “el primer día de la semana.”

Los discípulos se encontraban con las puertas cerradas por temor a los judíos.

Siendo ellos los discípulos de Jesús Crucificado, esto les tenían con miedo.

  1. El estado glorioso de Cristo Resucitado

Este detalle tiene por propósito demostrar el estado glorioso, en que se halla Cristo resucitado, cuando se presenta ante ellos.

Cristo, con las puertas cerradas, se apareció en medio de ellos.

Por eso Lucas, comenta que quedaron despavoridos, pues creían ver un espíritu o un fantasma.

Jesús poniéndose en medio de ellos, les dijo: “La paz esté con ustedes!”.

Con esto, les desapareció el miedo que tenían.

Aquí, les muestra las manos, que con sus cicatrices les hacían ver que eran las manos días antes perforadas por los clavos, y el costado, abierto por la lanza.
  1. Las llagas
Ambas heridas, se las enseño como señal de su resurrección.
    • A María Magdalena, posiblemente se le apareció sin las llagas, para que por fe lo reconociera
    • A los peregrinos de Emaús, posiblemente se les apareció sin las llagas, porque iba en actitud de un caminante que les va enseñando lo que las escriturar decían de él
    • A los apóstoles, se les aparece con las llagas, por la finalidad apologética que busca demostrar que ha muerto y resucitado
    • Cada forma de aparecerse, depende de su divina voluntad.
  1. "Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes."
Jesús anuncia a los apóstoles que ellos van a ser sus enviados, así como El lo es, del Padre.
    • Ellos son los “apóstoles” (Mt 28, 19; Jn 17, 18)
    • Jesucristo tiene todo poder en cielos y tierra y los envía ahora con una misión concreta
    • Los apóstoles son sus enviados con el poder de perdonar los pecados.
    • En el Antiguo Testamento, sólo Dios perdonaba los pecados
    • Por eso, decían los fariseos escandalizados: "Este blasfema. ¿Quién puede perdonar los pecados sino solo Dios?” (Mc 2:7)
  1. "Sopló sobre ellos y añadió; Reciban el Espíritu Santo..."

El Espíritu Santo es el don infinito de Dios.

La donación del Espíritu Santo los Apóstoles, en la tarde de la Resurrección, demuestra que ese don inefable, indescriptible, está estrechamente unido al misterio pascual.

Es el supremo don de Cristo que, habiendo muerto y resucitado por la redención de los
hombres, tiene el derecho y el poder de concedérselo.

La venida del Espíritu, en el día de Pentecostés, se realiza en forma solemne, con manifestaciones exteriores y públicas indicando con ello que el don del Espíritu está destinado a todos los hombres.

El misterio pascual culmina no sólo en la Resurrección y en la Ascensión, sino también en el día de Pentecostés que es su acto conclusivo.

  1. "Los pecados serán perdonados..."

Al decir esto, sopló sobre ellos.

Es símbolo con el que se comunica la vida que Dios concede.

En Génesis 2, 7, Dios sopla sobre Adán, el hombre de barro, y le “inspiró aliento de vida”.

Jesús con su acto de soplar, explica su sentido, de que: “reciban el Espíritu Santo”.

Jesús, les comunica su poder y su virtud para un propósito: “Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan”.

Aquí el regalo del Espíritu Santo a los apóstoles tiene una misión de “perdón”.

Los apóstoles se encuentran investidos del poder de perdonar los pecados.
    • Este poder exige para su ejercicio un juicio.
    • Si han de perdonar o retener todos los pecados, necesitan saber si pueden perdonar o han de retener.
    • Este es el poder sacramental de la confesión.

  1. La palabra elegido
Las palabras de elegido, ungido y enviado son equivalentes.

Cuando los primeros cristianos se llaman elegidos, están recordándose que han sido enviados a cumplir una misión, que imita la del mismo Cristo: "Como el Padre me ha enviado, así os envío yo".

Para la realización de esta tarea, reciben también la fuerza del Espíritu.

Sólo la fe nos permite, ver y entender, lo que está pasando.

En Jesús, resucitado los apóstoles reconocen, al que estuvo con ellos por los caminos de Israel.

Jesús, es el Cristo de la fe.

Así como en la primera creación del hombre, Dios le infundió la vida, así también Jesús la da la vida a su Iglesia.
  1. Perdón

Cristo, que murió para quitar el pecado del mundo, le deja a los apóstoles, el poder de perdonar.

Antiguamente, en el templo se ofrecían sacrificios de animales, a Dios.

Y los mismos sacerdotes debían ofrecer sacrificios, por sus propios pecados, antes de rogar a Dios por los demás.

Pero ahora, Jesús resucitado, se ofrece a si mismo, por nuestros pecados.

Aunque la humanidad siga pecando, por medio de Jesús, nosotros hemos sido renovados, en la vida santa de Dios.

De ahí que, el perdón de los pecados, sea la riqueza más grande, que Jesús le ha dado a su iglesia.

Esa capacidad de perdonarnos unos a los otros, a imagen de Jesús, es lo que nos permite solucionar los grandes problemas de la humanidad.

Quien no sabe perdonar, no sabe amar.

En el perdón, es donde se muestra el amor más auténtico con el prójimo.

  1. La misión

Los apóstoles y todos los discípulos son portadores de la misión de Jesús.

Ocho días mas tarde, se aparece de nuevo Jesús, a los apóstoles, y con Tomás, que no creyó lo que le dijeron sus compañeros.

Este evangelio de Juan, nos relata estas dos primeras apariciones.

Este pasaje con Tomas, en el domingo posterior a la Pascua, el primero de todos los domingos.


  1. El primer domingo

Por que, la Resurrección de Jesús es un acontecimiento único.

La reunión de los discípulos, una semana después, y la aparición de Jesús, hacen que el misterio de la Resurrección, adquiera un sentido de solemnidad.

Por eso, no basta recordarlo, sino celebrarlo, con toda su realidad y riqueza espiritual.

La primera celebración de la Pascua, tuvo lugar el primer domingo siguiente a la Pascua.

Los discípulos del Señor, tenían la costumbre judía de dedicar un día por semana a Dios, pero esta se celebrada el sábado.

Jesús, con su aparición el primer domingo después de Pascua, cambio a que el día que se celebrara, fuese el día de su Resurrección.
  1. Tomás
En la primera aparición del Señor a los apóstoles, no estaba el apóstol Tomás, de sobrenombre el mellizo.

No solamente no creyó en la resurrección del Señor por el testimonio de los otros diez apóstoles, y no sólo exigió para ello el verle él mismo, sino el comprobarlo.

El apóstol Tomás, no dio crédito ni a las mujeres ni a los varones cuando le anunciaban la resurrección de Cristo el Señor. Y era ciertamente un apóstol que iba a ser enviado a predicar el evangelio.

¿Cómo podía pretender que le creyeran, si él mismo no había creído?

Le dicen: Hemos visto al Señor. Y él respondió: Si no introduzco mis manos en su costado y no toco las señales de los clavos no creeré. Quería asegurar su fe tocándole.

  1. "Trae aquí tu dedo..."

En la segunda aparición de Jesús a los apóstoles, estaban todos juntos incluyendo a Tomas.

Y vino el Señor otra vez, cerradas las puertas. Y después de decirles: "¡La paz esté con ustedes!", se dirigió a Tomás y le dijo: "Trae aquí tu dedo: aquí están mis manos; y le mandó que cumpliese la experiencia que él exigía diciéndole: "Acerca tu mano, métela en mi costado. En adelante, no seas incrédulo, sino hombre de fe".

Sin embargo, ¿Que le dice a María Magdalena?: "No me toques, pues aún no he subido al Padre" (Jn 20,17).

A la mujer que cree le dice: "No me toques", mientras dice al hombre que no cree le dice: "Tócame".
María ya se había acercado al sepulcro y, dice: "Señor, si tú le has quitado, dime dónde le has puesto y yo lo tomaré".

El Señor la llama por su nombre: María.
    • Ella reconoció que era el Señor, al oír que la llamaba por su nombre
    • Ella respondió: Rabí
    • El Señor le dice: "No me toques, pues aún no he subido al Padre"
Tomás dijo: "No creeré, si no toco".

Y el Señor dijo al mismo Tomás: "Ven, tócame; introduce tus manos en mi costado y no seas incrédulo, sino creyente".

Cristo podía haber curado las heridas de la carne, sin que hubiesen quedado cicatrices; pero quiso que quedasen para eliminar de los corazones de los hombres la herida de la incredulidad.

  1. Herejes

En el transcurso de los siglos, aun hoy en día, han aparecido herejes que niegan que Jesús a resucitado.

Tomás, les contestó: "Si no meto mi mano en su costado, no creeré" (Jn 20,25).
  1. Las cicatrices

¿Qué hubiese pasado si Jesús, hubiese resucitado sin las cicatrices?

Si no hubiese conservado las cicatrices en su cuerpo, no hubiera sanado las heridas de nuestro corazón.

Tomas, no solo quería ver con los ojos; sino que quería creer con los dedos. "Ven; mete aquí tus dedos, y no seas incrédulo, sino creyente" (ib., 27).

Cuando Cristo le dice: "Ahora crees, porque me has visto".
Esta evidencia, de la presencia de Cristo, había de deshacer la duda de Tomás.

  1. "Señor mío y Dios mío."

Tomas exclamo: "¡Señor mío y Dios mío!"
    • Esta exclamación contiene una riqueza teológica hermosa
    • Es un reconocimiento de Cristo, y una afirmación de quién es El
    • Es, además, uno de los pasajes del evangelio de san Juan o, en donde se proclama la divinidad de Cristo

¿Qué tocó, Tomas? Toco, el Cuerpo Divino de Cristo.

La divinidad de Cristo es la Palabra, y la Carne.

El cuerpo, que estaba antes muerto, ahora se mueve y esta vivo.

La Palabra, no cambia ni se toca, no decrece ni aumenta, porque en el principio existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios (Jn 1,1).

Tomás; tocaba la carne, pero invocaba la Palabra, porque la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros (Jn 1,14)".

  1. "Ahora crees, porque me has visto..."

Tomás fue reprochado, no porque el ver para creer sea malo, sino por haber rechazado el
testimonio de los otros apóstoles que vieron.

Para creer se puede hacer
  • directamente, como los apóstoles,
  • indirectamente, como nosotros, que nos apoyamos en la predicación de los apóstoles.

La fe, es un don de Dios.

Por eso, este Evangelio nos enseña una lección de fe y, nos enseña a no esperar signos visibles para creer.

Tomás quiso experimentar por si mismo, el mismo modo, como a veces nos gusta, de experimentar por nosotros mismos, sin que nadie nos cuente.

Por que, a Cristo, cada uno lo debemos experimentar en primera persona, es decir, por nosotros mismo.

Al final solo depende de nosotros mismos, y entregarnos con fe y confianza a Jesús.

El Señor le permite a Tomás, esta experiencia personal, ese reconocimiento a la divinidad de Jesús con esta hermosa oración de alabanza: “Señor mío y Dios mío.”

También, a cada uno de nosotros, Jesús, nos permite, una experiencia personal que en algún momento de nuestra vida tuvimos, y que repetimos las mismas palabras: “Señor mío y Dios mío.”

  1. Felices los que creen sin haber visto

Dice el Señor: ¡Felices los que creen sin haber visto!

La respuesta de Cristo a esta confesión de Tomás contrasta la fe de Tomás y la presencia de Cristo resucitado, para proclamar: "bienaventurados a los que creen sin ver".

Esta bienaventuranza,
  • se refiere a los futuros fieles
  • que aceptan y creen, la fe y las enseñanzas que fueron enseñadas por los apóstoles
  • quienes fueron elegidos por Dios para ser testigos de su resurrección
  • y para transmitirla a los demás por medio de la tradición y el Magisterio de la Iglesia
En Juan 17, 20 Jesús en su oración al Padre dice: "No ruego solamente por ellos, sino también por todos aquellos que por su palabra creerán en mí"


Vigilia Pascual y Domingo de Resurrección




 Por: Rev. Diac. Teodoro L. González Serrano

 "El debía resucitar de entre los muertos..."   (Jn 20, 1-9 )
  1. María Magdalena y las mujeres

Al caer la tarde del sábado, María Magdalena y María, madre de Santiago, y Salomé compraron aromas para embalsamar el cuerpo muerto de Jesús.

Muy de mañana, al otro día, llegan al sepulcro.

San Juan, lo sitúa en el primer día de la semana (después del sábado).

Y a la hora en que llegan al sepulcro es de madrugada, cuando todavía estaba oscuro.

María Magdalena al llegar al sepulcro, vio que la piedra había sido movida.

Por los evangelios sinópticos sabemos que la visita de María Magdalena al sepulcro no la hace sola, sino que viene en compañía de otras mujeres, cuyos nombres son: María, la madre de Santiago, y Salomé, la madre de Juan y Santiago el Mayor.

Y, todas se quedan consternadas porque no hallan el cuerpo del Señor.

El Ángel del Señor, con su vestidura blanca como la nieve, les dice: "No temáis: sé que buscáis a Jesús Nazareno: no está aquí. Ha resucitado tal como la había anunciado". (Mt 28, 5-6).

  1. "Se han llevado del sepulcro al Señor.."

María Magdalena y las mujeres, al ver removida la piedra, se asustaron, ella no entró en el sepulcro, y corrió al encuentro de Simón Pedro y del otro discípulo al que Jesús amaba, que es el mismo Juan.
Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto”.

Esa frase, no sabemos, hace referencia a las otras mujeres que la acompañaron.
  1. "El otro discípulo..."
Conocemos del amor de Jesús por sus apóstoles, pero en el caso de San Juan, hay una predilección especial, por su humildad.

Esto lo vemos cuando San Juan en lugar de nombrarse a si mismo en el evangelio, utiliza la frase “El otro discípulo al que Jesús amaba”.

  1. "Este discípulo corrió más que Pedro..."
Pedro y Juan salieron corriendo al recibir esta noticia.

Este discípulo amado, corría más que Pedro, por la diferencia de edad y juventud.

Y “llegó antes.” al sepulcro, pero “no entró.”

  1. "Vio las vendas en el suelo..."

Juan no entró, esperando a Pedro que es el primero que entra en el sepulcro y vio las
vendas en el suelo, y también el sudario que había cubierto la cabeza de Jesús.

El evangelista, nos hace ver que no es un robo. De haber sido así, los que lo hubiesen robado no se hubiesen preocupado por los detalles de llevar un cuerpo muerto sin su mortaja, y sin dejar las vendas y sudario enrollado en un lugar aparte.
  1. "Luego entró el otro discípulo..."

Juan nos muestra unos detalles, “Asomándose al sepulcro, vio las vendas en el suelo, aunque no entró”.

Luego entró el otro discípulo, que había llegado antes al sepulcro: él también vio y creyó.”

Pedro, con su carácter impetuoso y de mucha experiencia, al ver el ambiente del sepulcro, se cuestiona lo que ha sucedido.

San Juan que es limpio de corazón, no tiene ninguna duda y cree.

Y añade, “Todavía no habían comprendido que, según la Escritura, El debía resucitar de entre los muertos”.

Nuestra fe personal, no es fija, sino que es un continuo camino de crecimiento con Jesús, que varia de acuerdo con nuestros problemas y situaciones diarias, hasta el día en que lleguemos al Reino de los Cielos.

  1. La Resurrección

La Resurrección gloriosa de Jesús, es la clave de toda su vida, y el fundamento de nuestra fe.
San Pablo nos dice en 1 Cor 15, 17: "Porque si los muertos no resucitan, tampoco resucitó Cristo. Y si Cristo no resucitó, ustedes no pueden esperar nada de su fe y siguen en sus pecados".

En Efesios 2, 4-6 dice: "Porque Dios, que es rico en misericordia, nos manifestó su inmenso amor, y a los que estábamos muertos por nuestras faltas, nos dio vida en Cristo. ¡Por gracia han sido salvados! Y nos resucitó con Cristo para sentarnos con él en los cielos"

La Pascua de Resurrección
    • es la fiesta de nuestra redención y, fiesta de acción de gracias y de alegría
    • en la Resurrección de Cristo, es donde se apoya nuestra resurrección
    • la Resurrección de Cristo, es el centro de nuestra fe católica

Este milagro es tan grande, que los Apóstoles son, testigos de la Resurrección de Jesús
    • Hechos 1, 22 "Es preciso, pues, que de entre los hombres que anduvieron con nosotros durante todo el tiempo que convivimos con Jesús...uno de ellos venga a ser junto con nosotros testigo de su resurrección"
    • Hechos 2, 32 "...el Patriarca David murió y fue sepultado, y su tumba permanece entre nosotros hasta ahora...A Jesús Dios lo resucitó, de lo cual todos nosotros somos testigos"
    • Hechos 3, 12-15 "Sepan que el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros Padres, ha glorificado a su siervo Jesús, a quien ustedes entregaron y a quien negaron ante Pilato...Pero Dios lo resucitó de entre los muertos, y nosotros somos testigos de ello"
  1. Jesús glorioso
Después de resucitar por su propia virtud, Jesús glorioso fue visto por los discípulos, que pudieron cerciorarse de que era Él mismo: pudieron hablar con Él, le vieron comer, comprobaron las huellas de los clavos y de la lanza...

Jesús, que murió en la cruz, ha resucitado, ha triunfado de la muerte, del poder de las tinieblas, del dolor y de la angustia.

Se apareció a su Madre Santísima, se apareció a María de Magdala, a Pedro y a los demás Apóstoles."

  1. Al tercer día
Jesús estuvo en el sepulcro los tres días profetizados.

Resucitó al tercer día, al amanecer, cuando aún estaba oscuro, anunciándonos su propia luz.

El mundo había quedado a oscuras. Jesús es la luz del mundo entero.

En Jn 8, 12 dice Jesús: "Yo Soy la Luz del mundo. El que me sigue no caminará en tinieblas, sino que tendrá la Luz de la Vida".

Jesús, es luz para el mundo, para cada época de la historia, para cada sociedad, para cada hombre, mujer y niño.

  1. La Vigila Pascual
En la liturgia de la Vigilia pascual del Sábado Santo en la Misa, el Templo Parroquial esta en oscuridad total, símbolo de las tinieblas en las que vive la humanidad sin Cristo.

En un momento el Sacerdote proclamó la gran noticia: "La luz de Cristo, que resucita glorioso, disipe las tinieblas del corazón y del espíritu".

Y de la luz del cirio pascual, que simboliza a Cristo, todos los fieles recibieron la luz: el Templo Parroquial quedó iluminado con la luz del cirio pascual.

Es la luz que la Iglesia derrama sobre toda la tierra que vive en tinieblas.

La Resurrección de Cristo es una llamada a nuestro apostolado: de ser luz y llevar la luz a otros.

En Jn 12, 32 dice Jesús: "Y cuando Yo haya sido levantado sobre la tierra, atraeré a todos a mí".

Nuestra misión de cristianos es proclamar esa Realeza de Cristo, anunciarla con nuestra palabra y con nuestras obras.
  1. La Virgen María
La Virgen María, que estuvo acompañada por las santas mujeres en las horas de la crucifixión de su Hijo, ahora no acompañó a María Magdalena, y las otras mujeres cuando iban a embalsamar el Cuerpo de Jesús.

María Magdalena y las demás mujeres, han olvidado las palabras de Jesús acerca de su resurrección al tercer día.

La Virgen Santísima sabe que su hijo Jesús resucitará.

Ninguno de los evangelios, nos da un detalle de la aparición de Jesús resucitado, a su Madre María.

Pero si, después de su resurrección Jesús
  • a María Magdalena, se le apareció de forma que ella no le reconoció
  • a los dos discípulos de Emaús, se les unió como un hombre que iba de viaje.
  • a los apóstoles, se les apareció cuando ellos están reunidos en el Cenáculo con las puertas cerradas
Por eso. si Jesús se le apareció a las mujeres y los discípulos, también se le apareció a su madre.

Ella estuvo junto a Jesús, en todos los momentos importantes de su vida, incluyendo en su muerte en la cruz.

Por eso, ella también tuvo su propia experiencia privilegiada de su resurrección.

A su Madre, se le apareció en su forma gloriosa y divina, porque ya no tendría la misma forma vida que tubo en la tierra.

Con esto, Jesús cambia el inmenso dolor de su madre, en una inmensa alegría.

María, ve el cuerpo de su Hijo glorioso y resucitado.

María, ve aquel cuerpo que tuvo muerto entre sus brazos, ahora lo ve resucitado.

Y cada uno de nosotros, durante este tiempo de Pascua, también celebremos la resurrección de Jesús junto con su madre, la Virgen María.


sábado, 9 de marzo de 2019

La Ascensión del Señor



Por: Rev. Diácono Teodoro L. González

Mientras los bendecía, iba subiendo al cielo. (Lc 24, 46-53) 
  1. Una síntesis del Kerigma
Este pasaje, hace referencia a las conversaciones de Cristo con los apóstoles en los 40 días en que les habló del reino (Hech 1, 3).

Hace una síntesis del kerigma del Mesías anunciado: que es el cumplimiento, el sufrimiento y su resurrección al tercer día. Además, menciona el arrepentimiento y perdón de los pecados.
  1. Está escrito en la Ley de Moisés y en los Profetas y en los Salmos.
Hacerles ver por la Escritura que el plan del Padre no era el mesianismo, nacionalista y político, sino que el Mesías había de morir y resucitar.
  1. Abrirles la inteligencia
Previamente en el versículo 44, Lucas relata que: “les abrió la inteligencia para que entendiesen las Escrituras, y les dijo que así estaba escrito que el Mesías padeciese y al tercer día resucitase de entre los muertos.”

abrirles la inteligencia,” significa hacer comprender, y él mismo le da la explicación.
  1. Se les capacitó para que tuviesen una nueva visión.
Jesús mismo hace referencia de que se predicase en su nombre, la necesidad del perdón para la remisión de los pecados.

Con esto indica que es cambiar nuestro modo de ser, y de ver en El, que, con su mesianismo, muerte de cruz y de resurrección, Jesús mismo es el único Salvador que Dios puso para la salvación.

En los Hechos de los Apóstoles 4, 12 San Pedro dirá ante el Sanedrín: “En ningún otro (Cristo) hay salud, pues ningún otro nombre nos ha sido dado bajo el cielo, entre los hombres, por el cual podamos ser salvos”.

  1. La conversión y la remisión de los pecados
Este Cristo Mesías, y la salvación a través de nuestra a su fe en él, es para todas las naciones.

Por este plan de Dios, esta Buena Nueva, será transmitida, comenzando por Jerusalén (Hechos 1:8).

Con esto, Jesús da la bendición al pueblo que lo crucificó, y a su vez, transmite el privilegio de Israel a todas las gentes.

Los apóstoles serán los testigos de toda esta verdad y enseñanza.

  1. Van a recibir el Espíritu Santo
Para esto los apóstoles, van a ser preparados con la fuerza renovadora y fortalecedora del Espíritu Santo en Pentecostés.

Esta enseñanza de que se predique a todas las gentes la salvación en su nombre, surge de la divinidad de Cristo, pues tiene dos poderes: el perdón de los pecados y el enviar la promesa del Padre: el Espíritu Santo.

  1. La ascensión del Señor
Luego Lucas, hace referencia, de la ascensión del Señor en presencia de los apóstoles.

Así en el libro de los Hechos, da una amplia descripción de la ascensión.

Jesús lleva a los apóstoles hacia Betania, en el monte de los Olivos, para la bendición y ascensión al cielo.
  1. Ellos se postraron ante Él
Ellos se postraron ante la majestad de Cristo, que subía a los cielos.

Así también, en Lc 5, 8, Pedro, se postró a los pies de Jesús, diciéndole que se apartase de él porque era pecador.
  1. Volvieron a Jerusalén
No es de extrañar, el gozo de ellos, ante Cristo crucificado que asciende al cielo.

San Lucas, que comienza este evangelio en el templo, con el oficio sacerdotal de Zacarías, lo termina ahora igualmente en el templo, con la oración de los apóstoles, al afirmar; “Y permanecían constantemente en el templo, alabando a Dios”.

Hoy también nosotros, asistimos al templo, para celebrar la Eucaristía en la Misa, celebrada por el sacerdote, y recibir el cuerpo y la sangre de Jesús en la Sagrada Comunión.

El templo, para los judíos, era el lugar de la oración y de adoración, y allí, asistían para prepararse para la recepción del Espíritu Santo el Día de Pentecostés.